Estando tan cerca

madsalud1Llevamos años compartiendo espacio en la distancias cortas, y reencontrándonos esporádicamente en las Jornadas Nacional de Bibliotecas de Ciencias de la Salud o en eventos como los organizados por la Biblioteca Nacional o SEDIC en la capital. Quizás porque las bibliotecas de ciencias de la salud y afines que nos encontramos localizadas –o geolocalizadas-en la Comunidad de Madrid pertenecemos a administraciones distintas (nacional, regional y local) y ámbitos de trabajo también diferentes (asistencia sanitaria, docencia, administración, investigación, organización profesional…).

Un maremágnum de profesionales, estructuras y conocimientos que hasta ahora hemos solventado en la mayoría de los casos con la cooperación personal y el voluntarismo, y con el trabajo sectorial (las bibliotecas universitarias con las universitarias, las hospitalarias con las hospitalarias, las de investigación con las de investigación, etc.). Y unas escasas, mínimamente dotadas de personal y con pocas oportunidades de salir de sus cuatro paredes, con escasas posibilidades de compartir sus necesidades y sus experiencias con otros compañeros.

Por ello quiero resaltar en estas líneas la importancia, al menos para todos los bibliotecarios que trabajamos en el ámbito de las ciencias de la salud en Madrid, de la convocatoria de celebración de una Jornada de Trabajo (BiblioMadSalud) el 29 de noviembre en el Colegio de Médicos de Madrid (cuya biblioteca está experimentada en estas lides tras BiblioSalud 2014 y la Reunión de BiblioSalud 2015).

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Una reunión que debería servir para asentar las bases de una estructura de cooperación y colaboración de un conjunto numeroso, experimentado y relevante de bibliotecas que, estando tan cerca kllevan años estando lejos, y en ocasiones muy lejos, sin conocer las unas de las otras lo que hacía aquella no más allá de dos cuadras.

Una reunión que debería tener una continuidad anual y que debería servir para conocernos mejor y para compartir experiencias, dudas, problemas, necesidades y conocimientos. Para hacer partícipes a los demás de nuestros resultados y nuestros avances, pero también de nuestros obstáculos, y para aprender de los demás a encontrar soluciones, pues trabajando en colaboración y cooperando no sólo se trabaja mejor sino que también es más divertido y reconfortante.

Y una reunión que, siguiendo el camino iniciado por otras Comunidades como Galicia, Andalucía o Cataluña, contribuya a vertebrar el entramado de nuestro sistema nacional de bibliotecas de salud, cada vez más necesitado de trabajo en común en un tiempo de crisis continúa que se ha instalado casi indefinidamente entre nosotros como ese invitado que tan sólo se marcha cuando los señores de la casa han decidido irse a dormir. Y ni aún así.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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Health Library Go

Cpokemonuál no sería la sorpresa de Amanda Arlington, la bibliotecaria jefe de la Medical Library of the Veterans Hospital of the American Civil War, en Monument Valley, cuando el pasado martes 28 de julio al ir a abrir, como todas las mañanas desde hace ya unos treinta años, la gran sala de lectura -con sus ventanales abiertos a las extensiones del valle- para que estudiantes, residentes y profesionales estudien, busquen, charlen, investiguen, lean y duerman…. se encontró no con cinco, como es lo habitual todas las mañanas de lunes a viernes, ni con cuarenta, como es lo normal en días de exámenes, sino con más de mil quinientos jóvenes y adultos de las más variadas edades y condiciones…

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Usuarios a las puertas de la Biblioteca del Veterans Hospital of the American Civil War, en Monument Valley

 …intentando cazar un pokemon amarillo, uno de esos bichos japoneses que hace años sus hijos no paraban de ver en esas series interminables de dibujos animados que ponían a todas horas en cualquiera de los canales que conectara y que los tenían enganchados con sus mil y una transformaciones que ella, pese a su espíritu clasificatorio y organizativo, como buena que era bibliotecaria, se sentía incapaz de relacionar y nombrar sin equivocarse una y mil veces.

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Pokemon localizado en la Medical Library of the Veterans Hospital of the American Civil War

Pasado el inicial susto, y una vez que hubo expulsado a tan abrumadora población cinegética tras convencerles de que en la hamburguesería de enfrente había no uno, sino veinte pikachus esperando ser cazados, cerró a cal y canto las puertas de la biblioteca (en contra de los principios más elementales de la profesión) no sin antes haber expulsado, con la inestimable ayuda de un láser para prestar libros, al maldito pokemon amarillo infiltrado entre las estanterías.

Como había decidido que esa mañana, para evitar otras previsibles avalanchas, no habría usuarios en la biblioteca, se puso a reflexionar, pues precisamente tal incidente le había traído a la memoria una reciente conversación con el engreído gerente de su hospital, quien desde el mismo día que accedió al cargo venía dudando de la utilidad de la biblioteca del centro ante la escasez de usuarios en las salas y ante la versatilidades de su adorado Google, por más que Amanda Arlington, con abrumadoras estadísticas en la mano, le intentara explicar cuántos artículos se habían descargado los usuarios en los últimos años, cuántas búsquedas habían solicitado, cuántos consultas se habían realizado y en cuantas revisiones ella misma había participado, muchas veces ocupando un tiempo libre que debía sustraer a sus amigos y familia.

Con cierta celeridad de reflejos, pues no hay que olvidar que Amanda Arlington fue la primera de la promoción del 78, decidió contactar con su primo Bernardin Augustus, monje nacido en Nebraska pero retirado en un monasterio franciscano de la provincia de Burgos, España, en busca de la tranquilidad y el sosiego que la forma de vida americana no le proporcionaba a su espítiru. Como resultara que dicho primo se encontraba en esos momentos en la cercana Salt Lake City participando en el XV Congreso Internacional de Informática Aplicada  a la Vida Monástica, con una ponencia sobre la influencia de la desamortización de Mendizaábal en la informatización eclesiástica, le invitó a acercarse a la biblioteca en los próximos días para presentarle un proyecto laboral de envergadura al que le sería difícil decir que no.

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Amanda Arlington con su primo Bernardin Augustus, explicándole su proyecto de “Library Go”

Amanda Arlington lo tenía muy claro aquella mañana del 28 de julio en la que vio multiplicar por mil la población de usuarios de su biblioteca, aunque fuera para cazar un pikachu de poderes sobrehumanos. Para Bernardin Augustus, la propuesta de su prima Amanda Arlington resultó todo un reto para su inteligencia informática y, recordando que en Salt Lake City había coincido con una cuñada del inventor del Pokemon Go, se infiltró en la cuenta de Linkedin de ésta y en menos tiempo que Amanda Arlington tardaba en apagar los ordenadores de la sala de lectura, Bernardin Augustus ya tenía todos los códigos fuente del programa. Para no levantar sospechas se encerró en los lavabos de la biblioteca (previamente clausurados por la bibliotecaria jefe tras anunciar que había sido descubierto un mosquito Zika en el jabón de manos) para ponerse inmediatamente manos a la obra y, tras escuchar con atención cuantas necesidades bibliotecarias le explicaba Amanda Arlington, preocupada por el incierto futuro de su centro de trabajo y de su profesión, el viernes 5 de agosto le presentaba la versión beta de  “Health Library Go”, un adictivo programa para dispositivos móviles que no sólo iba a resolver el futuro profesional de su querida prima Amanda Arlington, sino además muchas de las necesidades de información de cientos y miles de profesionales y estudiantes de ciencias de la salud.

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Presentación de la app para móvlies “Health Library Go”

Efectivamente, como ha podido comprobar quien esto escribe al descargarse en su móvil  esta novísima aplicación -“Health Library Go”- hoy mismo, antes de llegar a la biblioteca, pude cazar un Netter en la mismísma Puerta del Sol de Madrid.

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Pero no sólo yo. También Amelie Lectrice, en París, descubrió un enlace a PubMed en el Campo de Marte, sobrevolando los hierros iluminados de la Torre Eiffel…

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…Helmut Buch, junto a la Puerta de Brandemburgo y la embajada noerteamericana, encontró circulando por los aires a una “bibliotecaria de referencia”…

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… Vincent Hals cazó una búsqueda de PubMed a la entrada del Rijksmuseum mientras paseaba con su bicicleta…

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y Nelson Oleson, en los alrededores de la Ópera de Sidney, el último artículo publicado en la revista JAMA.

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Ya lo dijeron los astronautas en su momento, un gran paso para la Humanidad, pero sin duda alguna esta aplicación surgida de la privilegiada mente de un franciscano informático va a revolucionar, si no lo ha hecho ya, el acceso a la información en el mundo de las ciencias de la salud, al pemitir en cualquier lugar del mundo y a cualquier hora acceder a cualquier información relevante, como libros electrónicos, búsquedas bibliográficas, revistas científicas y bases de datos, sin necesidad siquiera de acceder a las propias bibliotecas presenciales, virtuales ni digitales. Aunque, de momento, como ya han hecho observar una ayudante bibliotecaria en Palermo y una becaria en Alaska, aún el usuario no puede elegir los recursos que necesita “cazar”, de tal forma que puede uno encontrase, sin necesitarlo, con una búsqueda del IME en el desierto del Kalahari y un artículo de Lancet en un igloo inuit, pero no puede solicitar a voluntad, cuando se encuentra de vacaciones por los fiordos noruegos, que le aparezca volando una búsqueda sobre el ébola en la Web of Science o una revisión del Annals of Internal Medicine. Para ello, todo se andará, habrá que esperar a la nueva versión “Health Library Go.2”, disponible para las Navidades.

Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista

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Esta sí que es la biblioteca de Alejandría (pero en Juego de Tronos)

jg13Seis temporadas, sesenta capítulos, sesenta horas de leyendas, de estratagemas bélicas y familiares, de personajes que van y vienen y desaparecen (unos para siempre y otros hasta dentro de un rato), de muertes, venganzas y miles de caminantes blancos… sesenta horas para descubrir, en “Juego de Tronos”, la que quizás sea una de las mayores bibliotecas que haya pisado y pueda pisar nunca un lector ni un bibliotecario. Es cierto que en algunos episodios hemos visto libros (pocos, bien es verdad, pues poco leen los cientos de personajes de la serie, excepto cuentos la princesa Shireen), grandes libros con sus ilustraciones y sus letras capitulares, libros donde se recogen las historias de los Siete Reinos, de sus reyes y de la manos del rey. Pero para ver libros de verdad y en cantidad… este último capítulo de la sexta temporada… un capítulo que a los bibliotecarios que hayan llegado hasta él les habrá hecho disfrutar gracias a la fructífera imaginación de la diseñadora Deborah Riley.

En este décimo episodio de la sexta temporada, “Vientos de invierno” (¡ojo!, spoilers), tenemos a Sam con Gilly y su hijo quienes, huyendo de la asfixiante vida familiar, acaban llegando ¿a la ciudad de Alejandría?

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No, a La Ciudadela, con mayúsculas. Una ciudad portuaria cuyo perfil arquitectónico preside un imponente faro ¿como el de Alejandría?

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Sam se presenta a las puertas de uno de los grandes edificios de La Ciuaddela (¿el afamado Museo de Alejandría?)…

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…ante un empleado de austero uniforme, que parece primo hermano del Guillermo de Baskerville de “El nombre de la rosa”. Quizás el guardián de los conocimientos, ¿quizás un ayudante de biblioteca? No adelantemos spoilers

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Un empleado a quien Sam entrega una carta de recomendación de Jon Nieve para formarse como “maestre” (¿en la escuela de Alejandría?).

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Como las cosas de palacio van despacio (también en la ficción televisiva), el funcionario en cuestión -o el guardián de la puerta, que diría el Kafka de “El proceso”- le invita respetuosamente a esperar. A diferencia de la vida real, donde Sam pasaría a una angosta y poco amable sala de espera con revistas del corazón, el hombre de “gafas modernas” le invita a visitar mientras tanto la biblioteca. Entusiasmado con la propuesta, Sam se adentra él solo (pues, curiosa norma, a la biblioteca no pueden entrar ni mujeres ni niños, luego no esperemos allí encontrar bibliotecaria alguna) por pasillos repletos de legajos, escalas, estantes, códices y manuscritos…

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…en lo que parece una biblioteca bien similar a otras muchas bibliotecas históricas caracterizadas por almacenar en sus estanterías todo el saber de la humanidad. Pasillos y estanterías que desembocan en la mayor sala de lectura vista en tiempos pasados y venideros ¿la biblioteca de Alejandría?

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Una espectacular sala central que quita el hipo al lector más leído, al bibliotecario más profesional, y a un futuro “maestre” como Sam…

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Un espectacular espacio central presidido por un ingenioso artilugio colgante, a base de espejos, para iluminar de forma natural tan vasto lugar, aprovechando la escasa luz que entra por los escasos y angostos vitrales.

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Un espacio central (parece que octogonal), con sus pupitres de madera de los de toda la vida en su alrededor, con sus libros abiertos y apoyados…como si hubiera lectores… aunque, tambuién cusuirosamente, no vemos ninguno (quizás sea domingo).

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Un ingenioso lugar, laberíntico y enrevesado, que bien podría recordar a Piranesi o a Escher, donde se mezclan en altura y con escasa simetría diferentes estilos, variados elementos arquitectónicos y todo tipo de materiales, distribuidos entre  escaleras en ziz-zag, puertas monumentales, escaleras de caracol, estanterías de madera, barandillas de piedra labrada, estanterías que surgen de la nada como si flotaran por los aires…

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…en un espacio barroco en las antípodas de los almacenes logísticos de Amazon e incluso de otras ficticias bibliotecas (sin ir más lejos esa nave eclesiástica tremendamente ordenada de “La guerra de las galaxias”, pero escasa también en usuarios).

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La gran ¿Biblioteca de Alejandría?… que a uno le gustaría visitar una y mil veces, contemplar y deleitarse ante su sin par belleza… pero donde, sin pensarlo dos veces, a uno no le gustaría trabajar ni como becario ni como facultativo… pues sólo de pensar que un lector podría pedirnos el libro de “La medicina en tiempos de los Targaryen”, situado en lo más alto de la más alta y recóndita estantería, a donde sólo podríamos llegar con mapa y brújula (y, por supuesto, sin padecer vértigo)… a uno le entran todos los males…

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…salvo que uno sea un apasionado de los selfies en los sitios arriesgados y peligrosos de este reino y de aquellos siete.

Por lo demás, ya nos gustaría saber a los bibliotecarios de este reino (quizás lo averigüemos en la próxima y séptima temporada de “Juego de Tronos”) cómo deambulan los bibliotecarios (que no parece ser bibliotecarias) por semejante biblioteca, cómo se desenvuelven los lectores y quizás algún guionista, entre muerte y desmembramiento de más personajes, nos desvele las intrincadas técnicas catalográficas y clasificatorias de tan insignes bibliotecarios.

Mientras, para amantes de misterios y especulaciones, dejamos colgando de este espacio desproporcionado una gigantesca esfera armiral…

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…que más de un fan de la serie ha descubierto… ¿dónde?

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…sí, en los genéricos de cada capítulo.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

 

 

 

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Un inglés y un francés

campusv3No pretende esta entrada ser un remedo de aquellos antiguos chistes en los que siempre aparecía un alemán, un francés, un inglés y un español y, se le diera las vueltas que le diera, el más listo siempre era este último, en una seña más de la evidente superioridad con que la naturaleza ha caracterizado a todos los habitantes al sur de los Pirineos (y que fue signo de identidad de un régimen desde 1939). Tampoco pretende emular la canción del limón, limonero que popularizaran Henry Stephen o Basilio allá por los años 70 del siglo XX. La razón es bien otra pero explicarla hay que acudir a un flashbacks literario (o cinematográfico).

Desde la instauración del grado en la universidad española, los alumnos del último curso han de elaborar y presentar un llamado trabajo fin de grado ante cuya redacción se les plantean no pocas dudas. En algunas universidades y en algunas escuelas, como en la de Enfermería de la Universidad Complutense de Madrid, se han propuesto remediar la desorientación de algunos de sus alumnos poniendo a su disposición en su Campus Virtual ciertas herramientas que les faciliten la redacción del trabajo y, por supuesto, también la correcta elaboración y escritura de las referencias bibliográficas, cuyo peso en la nota final del trabajo no es baladí.

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Un equipo multidisciplinar, en el que han participado profesionales de la enfermería y de la biblioteconomía de la propia escuela pero también de un par de hospitales de Madrid (Doce de Octubre y Ramón y Cajal), ha preparado como ayuda del alumno un Cuestionario de Autoaprendizaje y una Guía de Autoevaluación, que son el germen de ambicioso apoyo documental, que irá creciendo con más casos prácticos en los próximos cursos.

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Un Cuestionario de Autoaprendizaje en el que el alumno podrá ir resolviendo sus dudas en lo relativo a la búsqueda de información, la selección de los documentos y la elaboración de las referencias en formato Vancouver. Además, esta herramienta mediante un buzón de sugerencias permite a los alumnos enviar sus dudas concretas en busca de respuesta.

Y precisamente una duda de una alumna ha sido la causante de esta entrada en el blog. Para resolverla, primero una pregunta:  ¿Encuentra usted, estimado lector, alguna diferencia relevante entre los dos siguientes párrafos?

-Párrafo A: Lung cancer is one of the leading causes of death globally.1 (New England   Journal of Medicine. 2016;374:1864-1873)

-Párrafo B: The age-adjusted prevalence of obesity in adults in the United States is estimated to be 35 % [1]. (BMC Public Health. 2016;16:460)

¿Que uno es más largo que el otro? Eso está claro, pero buscamos algo más sutil ¿Que proceden de revistas diferentes? Sí, eso es cierto, pero no es lo que buscamos, pues esa diferencia la descubre un niño de preescolar y usted es mucho más inteligente. ¿Qué una revista requiere suscripción y otra es de acceso libre? No, frío, frío, no se trata de permisos de lectura. ¿Qué una cita está escrita en superíndice y otra entre corchetes? No, pero casi, anda cerca el problema. ¿Alguien se ha parado a observar detenidamente dónde se sitúan los números de las referencias en ambos párrafos? ¿Delante o detrás del punto final? Ahí era donde queríamos llegar. El que este blog suscribe, por defecto o por costumbre, tiende a escribir el número de la cita siempre antes del punto, cerrando así la frase, como hace el BMC Public Health, pero ocurre que el New England Journal of Medicine hace todo lo contrario. Y una alumna preguntó precisamente eso, dónde colocar el número de la cita, si antes o después de una coma, si antes o después de un punto y coma, o si antes o después de un punto final, habiendo visto ambas posibilidades. En artículos de revistas bien distintas.

Para darle una respuesta lo más acertada posible optamos por consultar igualmente diferentes revistas y analizar distintos ejemplos llegando también a la conclusión de que había, efectivamente, dos formas diferentes de incluir los números, antes o después de los signos de puntuación, y ambas publicadas en revistas de reconocido prestigio. ¿Alguien pues estaba haciendo algo mal? Ante nuestra duda decidimos acudir a los “supertacañones”, esto es, a la máxima autoridad en la materia, la RAE, a través de su formulario de consulta, accesible a todos los ciudadanos. Y esto es lo que contestó la RAE (no siga usted leyendo si no le gustan los spoilers):

En relación con su consulta le remitimos la siguiente información, extraída de la Ortografía de la lengua española (Espasa, 2010), págs. 299-300: Existen dos modelos de colocación de las llamadas indicativas de una nota final o a pie de página con respecto a los signos de puntuación, ambos igualmente correctos.

  1. En el sistema francés, la llamada de nota se sitúa inmediatamente antes del punto y del resto de los signos delimitadores principales (coma, punto y coma, y dos puntos), pero después de los puntos suspensivos.
  2. En el sistema inglés, la llamada se sitúa siempre tras el signo de puntuación, sea cual sea. Este sistema presenta la desventaja, frente al anterior, de que no permite diferenciar cuándo la nota se refiere a la palabra que precede al signo de puntuación y cuándo a un segmento mayor”

Así pues, haciendo gala de su nombre, el NEJM, pese a ser norteamericano, seguiría, a ojos de la RAE, el modelo inglés , y el BMC Public Health, aun siendo inglés, seguiría el modelo francés. Estimado lector, elija usted el modelo que prefiera siendo, como sentencia la RAE, ambos correctos pero no los mezcle, pardiez! Punto y final.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

 

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Todo empezó con el Big Bang

tirar8¡Todo empezó con el Big Bang!, como aceleradamente nos cantan los títulos de crédito de la serie. Lucha enconada y desigual, desde tiempos de ese mítico Big Bang, entre lo viejo y lo nuevo, entre avanzar o permanecer, evolucionar a toda costa, donde lo viejo casi siempre tiene las de perder ante el imparable ardor juvenil y donde cada 1 de enero un nuevo año arroja a la chimenea los restos del recién pasado. Incluso en las bibliotecas, aunque nos empeñemos en conservar lo viejo.

Quejosos y aquejados en las bibliotecas. Quejosos de la falta de modernidad, porque aunque conservemos antiguallas deseamos estar a la última, y al mismo tiempo quejosos de las novedades porque ellas nos obligan  (¿por qué?) a renovar nuestro fondo de armario y despedirnos de aquellas presentaciones que, como los apuntes amarillentos del catedrático emérito, nos han acompañado muchos años. ¿Por qué cambiar? Ya nos gustaría en  las bibliotecas poder seguir utilizando los mismos apuntes con los que aprendimos a unir operadores booleanos o a buscar por libre en PubMed. Si en las bibliotecas siempre nos ha gustado la tranquilidad, el silencio, los ritmos pausados…. ¿por qué este trajinar desde hace 14  millones de años del que se nos habla paroxísticamente en la canción inicial de Big Bang:  dinosaurios, las pirámides, Einsentein, la mitología, la astrología….?. Si miramos hacia atrás…. qué felices éramos cuando buscábamos en PubMed con esta página…

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…y a la fuerza tuvimos que acostumbrarnos a la nueva de la noche a la mañana. Qué felices también cuando buscábamos ortopédicamente en la Cochrane Library en su versión CD…

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…y tuvimos a la fuerza que aprender a buscar en la versión online… Y seguíamos felices buscando nuestros cuartiles en el Journal Citation Reports, de una forma tediosa y lenta, pausada, viendo pasar el tiempo, avanzando veinte páginas hasta llegar al factor de impacto de un año… y volvíamos atrás otras  veinte páginas para cambiar de año y buscar el factor de impacto de otra revista. ¡Qué felices éramos cuando tardábamos dos semanas y media en ayudar a evaluar su CV a un usuario? ¡Qué emoción nos embargaba al  no saber a ciencia cierta si una revista pertenecería al índice de ciencias o al de sociales! ¡Cuántas horas pasadas construyendo con nuestro powerpoint comparaciones entre revistas! ¡Cuántos gráficos confeccionados los fines de semana mostrando las evoluciones del American Journal of Cardiology! ¡Cuántas horas dejándonos los ojos entre columnas de cifras!

Hasta que un agujero negro se llevó estás páginas a otra galaxia. A primeros de mayo, la Web of Science ha mudado la piel del JCR y… el acceso, al menos para el sur de los Pirineos, debe hacerse ahora bajo la etiqueta de un nuevo miembro de la Guerra de las Galaxias: Federation of Spain by FECYT.

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Una página bastante más amigable y con innovacioens cromáticas (azules sobre verdes).  ¿Por qué? Si nos gustaba la de antes, tan cuadriculada y encorsetada, con sus amrillos y sus grises monocordes.

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Una nueva versión que nos permite ver en una misma pantalla distintas revistas (Select Journal) ¿Por qué? Con lo relajante que era ir cambiando cuarenta veces de pantalla hasta dar, uno a uno, con los factores de impacto que necesitábamos….

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Una nueva versión que nos permite filtrar las revistas por cuartiles, editor, país, rango del factor de impacto o rango del percentil. ¿Por qué? Con lo artesanal, tradicional y ejercitante que resultaba hacer estas selecciones por la cuenta de la vieja…

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Una nueva versión que muestra en una única pantalla todos los cuartiles y factores de impacto de una misma revista. ¿Por qué? Con lo emocionante que resultaba la incertidumbre de conocer si de un año a a otro el FI o el cuartil habían cambiado… o incluso si ni siquiera se le esperaba…

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Una nueva versión donde comparar gráficamente los indicadores bibliométricos de varias revistas. ¿Por qué? Si eso lo podíamos hacer en cuatro tardes con nuestros rudimentarios conocimientos de construcción de gráficos mientras oíamos música en nuestros cascos…

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¿Por qué esta evolución? Quiero ser antiguo, no me gustan los cambios, no quiero evolucionar…! PORQUE AHORA TENGO QUE TIRAR TODAS LAS PRESENTACIONES DE LA ANTERIOR VERSIÓN DEL JCR Y PREPARAR DE PRINCIPIO A FIN UNA NUEVA CLASE PARA ESTE VIERNES!!!!!!!

Bueno, como creo que no hay más remedio… a tirar las diapos y ¡a jugar!

José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista.

 

 

 

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Cinco

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Los útlimos cinco años (2014)

A los futbolistas les bastaría sacar una “manita” para celebrar sus cinco goles al contrario en un mismo partido. En  estas páginas nos ha costado más de noventa minutos sacar una “manita”, exactamente cinco años desde que en abril de 2011, recién celebradas las Jornadas de Cádiz, abriéramos las puertas de este blog. Con unos números modestos (216 entradas y 44 mil visitas a lo largo de estos años) el ritmo de producción se ha ralentizado pues cada día le resulta más difícil, al que esto suscribe, encontrar algo de interés por lo que merezca la pena perder un día cinco minutos en su lectura.

Aún así, en este año que acabamos de cumplir, hemos hablado de la importancia de los profesionales de las bibliotecas sanitarias con ocasión del caso de Ellen Roche, de la conveniente reconversión de las bibliotecas en espacios multiusos, de PubMed (¡cómo no!), de la llegada puntual -como las golondrinas- del JCR, del tema del año (Cataluña), de serpientes de verano (caída del UpToDate), del factor de impacto, del NODO y de Halloween (sin tener nada que ver el uno con el otro), de la producción científica y de los doodles de Google. No hemos hablado del gobierno,  ni del que existió ni del que ahora no existe, pero ojalá el próximo encare de una vez por todas, por tercera o enésima vez, la construcción de un sistema coordinado y colaborativo de bibliotecas al margen de las relaciones personales, que son las que han hecho funcionar esta coordinación durante décadas. La crisis sigue sin irse y muchas bibliotecas han visto reducidos sus presupuestos y su personal, pero no su trabajo. Y la colaboración no puede seguir asentada únicamente en la buena voluntad, en la profesionalidad y en la dedicación de quienes trabajan en las bibliotecas de ciencias de la salud.

Sirvan estas páginas, como lo han sido ya desde 2012, para destacar la labor de muchos de nuestros compañeros, que nos hacen mejor y más fácil nuestra diaria labor, desde que encendemos el ordenador a primeras horas hasta que enviamos nuestra última búsqueda bibliográfica antes de marcahrnos a casa:

sonrisas1.- Premio “SONRISAS Y LÁGRIMAS 2016″ a:
Carlos González Guitián (Biblioteca del Hospital Universitario A Coruña) por haber trabajado durante muchos años por el desarrollo de un sistema de bibliotecas de salud, tanto desde la biblioteca de su Hospital como desde la coordinación de BIB-MED o desde la dirección de Bibliosaúde, luchando siempre porque no desaparezcamos del mapa.

 

chips2.- Premio “ADIÓS MR CHIPS″ 2016 a:
tres bibliotecarias que en último año han colgado los “hábitos bibliotecarios”: Concha Muñoz Tinoco (Hospital Ramón y Cajal), María Luisa Maquedano (Hospital La Paz) y Herminia Arrazola (Hospital Central de Asturias), por sus muchos horas dedicados al buen funcionamiento de sus bibliotecas hospitalarias y a la atención a sus usuarios.

redsocial3.- Premio “LA RED SOCIAL 2016″ a:
GTBIB y C-17, herramientas que no sólo nos han facilitado el trabajo en la tediosa tarea de la obtención de documentos, sino que también han permitido cohesionar a un grupo muy heterogéneo de bibliotecas, en aras de un bien común, el acceso de los profesionales sanitarios a la información.

faro4.- Premio “EL FARO DEL FIN DEL MUNDO 2016″ a:
Natalia Arroyo, por sus conocimientos sobre Apps y por acercar dichos conocimientos a unos profesionales, los bibliotecarios, ya no tan anclados al papel y a las viejas tradiciones bibliotecarias.

reportero5.- Premio “EL REPORTERO 2016″ a:
la lista BIB-MED, por sus muchos años informándonos de las novedades, formándonos, comentando la actualidad y alentando la colaboración y cooperación entre todas las bibliotecas de salud.

 

kwai6.- Premio “EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI 2016” a:
todos los profesionales de la Biblioteca Virtual de Aragón, por sus desvelos, esfuerzos y trabajo por llevar los recursos de información  a todos los profesionales sanitarios de su Comunidad.

 

dos7.- Premio “DOS CABALGAN JUNTOS 2016″ a:
María José Rebollo (Biblioteca del Colegio de Médicos de Madrid), por el éxito del Encuentro Bibliosalud2015, y a Verónica Juan (Biblioteca Virtual de Andalucía) por haber traído de nuevo a España, en concreto a Sevilla, las Jornadas Europeas de EAHIL.

Gracias a todos los premiados por su dedicación y su trabajo. Con ellos hacen mejor nuestras bibliotecas y nos hacen más fácil y mejor nuestro trabajo diario. Quedamos citados para abril del 2017.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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ANEXO: Premios 2012-2015

“SONRISAS Y LÁGRIMAS”:
Fanny Ribes y Mª Asunción García (2012)
Mayra García Berges y María del Carmen Marugán (2013)
Pilar Barredo Sobrino y Matilde de la Cruz Solís (2014)
Mercedes Corrales Canel (2015)

“ADIÓS, MR. CHIPS”:
Ángeles Franco, Josefa Torres, Mª Luz Benedicto y Elena Esteban (2012)
Mercedes Palacios, Ana de Santiago y Wigberta Martín (2013)

“LA RED SOCIAL”:
María García-Puente y Paula Traver (2012)
BibliogTecarios (2013)
Grup de Gestió de la Informació de Ciències de la Salut – GICS (2014)
Blogs Área Sanitaria Este de Málaga-La Axarquía, Digitalia y Biblioteca Médica La Paz (2015)

“EL FARO DEL FIN DEL MUNDO”:
Antonia Mª Fernández Luque y María Luisa López Avelló (2012)
Sol y Eulàlia Grifol (2013)
Elena Primo (2014)
Rodrigo Gutiérrez (2015)

“EL REPORTERO”:
BiblioGETAFE y BiblioHFLR (2012)
Píldoras (2013)
Virginia Jiménez Planet (2014)
Julio Alonso Arévalo (2015)

“EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI”:
Biblioteca Virtual del Sistema Sanitario Público de Andalucía (BVSSPA) (2012)
Biblioteca Virtual de Ciències de la Salut de les Illes Balears (2013)
Bibliosaúde, la Biblioteca Virtual do Sistema Público de Saúde de Galicia (2014)
Biblioteca Virtual de Osakidetza (2015)

“DOS CABALGAN JUNTOS”:
SEDIC y su Grupo de Bibliotecas de Ciencias de la Salud (2012)
Jornadas Nacionales de Información y Documentación en Ciencias de la Salud (2013)
Impactia (2014)
Biblioteca Colegio de Médicos de Madrid (2015)

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La imaginación silenciosa

angeles3A la reiterada relación de “grandes inventos” del ingenio español, que por fas o por nefas siempre aparece encabezada por la “ilustre” fregona (seguida del chupa-chus, el autogiro, el submarino, el futbolín, la grapadora, el afilalápices o el autogiro), Google nos recuerda que debemos añadir a esos útiles ingenios el del libro electrónico, o al menos su “ilustre” ancestro: la enciclopedia mecánica o interactiva.

Con un nuevo doodle, Google ha celebrado el 28 de marzo de 2016 el 121º aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles, leonesa de fines del XIX, precursora de la “enciclopedia electrónica” a la vez que una gran desconocida para la inmensa mayoría, cuya gesta ha sido rescatada en los últimos años y cuyo ingenio puede hoy contemplarse en el Museo de Ciencia y Tecnología de A Coruña, después de haber sido exhibido durante unos años en el Museo Pedagógico de Galicia.

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Abanderada de muchas lides y entusiasta maestra, como muchas lo fueron en el primer tercio del siglo XX en una España que intentaba sacudirse su secular retraso, promotora de la alfabetización del mundo rural y de las clases más populares y desfavorecidas, explayó sus enseñanzas durante muchos años por tierras gallegas. Y cuando la enseñanza y el saber se le quedaron cortas se dedicó a la escritura, a impartir conferencias y a la invención.

A ella se debe, en 1949, un ingenio que es considerado hoy como el antecesor más antecesor que se pueda imaginar del hoy renombrado libro electrónico con su llamada entonces “enciclopedia mecánica”. Una suerte de libro con los principales saberes que debía conocer el alumno de la época. Una “enciclopedia” que cabía en un maletín para evitar, como confesaba su inventora, que los niños cargaran a sus espaldas con un buen montón de libros. Su segundo objetivo era terminar con la enseñanza memorística y contribuir a un aprendizaje más interactivo y participativo por parte del alumno.

Esta “enciclopedia interactiva” contenía, en su parte derecha, un sistema de bobinas intercambiables que permitían ir visualizando el tema de la lección del día, y en su parte de la derecha albergaba un espacio para diccionarios y vocabularios con los que ayudar a la comprensión de las lecciones. El elevado coste de producción (se estimaba su coste en unas cien mil pesetas de las de mediados del siglo XX) impidió su comercialización, aunque Ángeles Ruiz Robles nunca perdió la esperanza y durante el resto de su vida fue pagando regularmente los costes de la patente.

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Foto: Familia Ruiz Robles

Si hubiera nacido medio siglo después, Ángeles Ruiz Robles hubiera visto cumplidos sus sueños de expandir el saber y la cultura por los cuatro punto cardinales de este país y hubiera visto cómo la informatización ha sido capaz de convertir su sencillo e ingenioso armatoste en un acceso universal a la información y a la comunicación.  Puestos a buscar un patrón o una patrona para el libro electrónico, no tenemos que andar buscando muy lejos. Y aunque casi nunca coloca la Historia a nadie en su sitio, tan sólo ha habido que esperar 40 años para que Google, en nombre de todos los que hemos leído y consultado un libro electrónico, nos recuerde a quien quiso desde su esfuerzo, sabiduría, inteligencia y ansias pedagógicas cambiar una nación, comenzando por sus alumnos, a través de la tecnología y de la educación. Algo hemos avanzado: tenemos tecnología; a algunos les falta entender la necesidad y el poder revolucionario de la educación.

José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista

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