Los nombres de las cosas

algo-recordarA Concha C.

Crátilo y Hermogénes deberían haber vivido en el siglo XXI, y no en tiempos de Platón y Sócrates, para ayudarnos a dar nombres a las cosas. ¿Sería Crátilo capaz, él que decía que quien conoce los nombres conoce también las cosas, de descifrar que Cibeles no es una diosa oriental ni una fuente artística en el centro de Madrid sino un sistema de información de la Consejería de Sanidad de Madrid? ¿Y hubiera sido capaz Hermógenes, para quien los nombres son convenciones de los hombres, llegar a comprender que Turriano no era un ilustre ingeniero del siglo XVI sino un sistema de gestión de historias clínicas electrónicas en Castilla-La Mancha? No sabemos si quzás Hermógenes y Crátilo hubieran ido más lejos y sugerido a madrileños y castellano-manchegos otros nombres tan apropiados como don Hilarión, mazapán, chotis, doña Francisquita, El Greco o cigarral…

El caso es que pasaron los tiempos de las Vanessas, las Jessicas y los Jonathans, y llegó el turno de nuestros ilustres gestores, que encomendándose o no a prestigiosas o desconocidas agencias de publicidad, han ido poblando nuestras webs de eruditos o castizos nombres con los que han ido bautizando recursos y más recursos de información. Desde Cataluña nos llegó el repositorio Scientia, con reminiscencias del conocimiento científico.  Impactia, desde Andalucía, con su misma raíz, nos permite descubrir la producción científica del personal sanitario al sur de Despeñaperros. Y musical fue la designación de “Mergullador” al buscador gallego (nombre que a mí, que no sé gallego, me sigue recordando a un animal mitológico). Los tres nombres serían del agrado de Hermóegenes, al hermanar contenido y contenedor.

Elegante fue la elección de Cisne (reconvertido de feo patito) para el catálogo de la Universidad Complutense. Práctica la designación como Polibuscador (con nombre de serie de televisión de la Fox) al buscador Primo de la Universidad Politécnica. O redundante (Xabio) el de Murcia. Literario y apropiado el de Plinio (todo un héroe de la literatura manchega, tal que de Tomelloso) para el buscador de la Universidad de Castilla-La Mancha. Y no menos literario El Buscón, metabuscador de la Biblioteca Nacional. El último en entrar en liza ha sido el de Etheria (más conocida como Egeria), aquella monja hispana del siglo IV a la que le dio por viajar y llegó hasta Constantinopla. Su nombre, desde principios de año, está asociado al buscador Primo de la Consejería de Sanidad de Madrid. Dos pájaros de un tiro, Etheria le servirá a más de dos para buscar información y a otros tantos quizás les animará a leer su famoso “Itinerarium”, donde esta monja andarina dio cuenta de sus andanzas por tierras de Oriente. Todo es válido, entre Hermógenes y Crátilo, ¿por qué no?, todo menos llamar a un metabuscador Felipe Juan Froilán de Todos los Santos o Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Recursos de información. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Los nombres de las cosas

  1. jcredondo dijo:

    No se si está documentado que Egeria fuera monja, tal como lo entendemos hoy, pero si viajera, precursora y, de alguna forma, descubridora.
    Buen artículo, como siempre J. Manuel.

  2. Ya decían los estructuralistas que el nombre de las cosas forma parte de las cosas… Pues eso, Jose Manuel.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s