Serpiente de verano

Mi monstruo y yo (2007)

Mi monstruo y yo (2007)

No por sorprendente era menos esperada. El desmantelamiento de la cúpula que durante estos últimos años ha dirigido desde el Ministerio de Sanidad la contratación de algunas licencias nacionales, como UpTodate o Primo, y pergeñaba el futuro de una biblioteca virtual para el sistema sanitario público permitía pensar en algún desastre futuro. Y así ha sido. En plenas vacaciones de verano descubrimos (antes de que oficialmente se dé cuenta de ello) o, más bien descubren nuestros usuarios, que no hay acceso al UpToDate. Desconociendo los intríngulis de las negociaciones que han llevado a esta situación, del hecho merece la pena sacar algunas conclusiones (al menos, personales).

1.- Necesidad de organizar un sistema nacional de bibliotecas del sistema sanitario público, como ya avanzó Fernando Rodríguez Alonso en el celebrado Libro Blanco de las bibliotecas de ciencias de la salud. Se ha hablado durante estos días de la representatividad de Rebisalud o de la red BIB-MED. El problema no es tanto que estas formas de organización y coordinación nos representen más o menos, sino que los otros entiendan que tales sistemas existen y nos representan. Al margen de la utilidad manifiesta de ambas, creo que no hay mejor representatividad que la creación de ese sistema nacional liderado por la Biblioteca Nacional (al menos más estable que las direcciones ministeriales responsables de diferentes iniciativas de crear una biblioteca virtual) y con representatividad de todas y cada una de las Comunidades Autónomas. Donde nadie se sienta excluido, donde todas las partes implicadas tengan voz y voto, y desde donde los propios bibliotecarios como técnicos especialistas (y no los políticos) puedan diseñar un sistema y seleccionar unos recursos según las necesidades del conjunto de las bibliotecas. Quizás así evitaríamos nuevas serpientes de verano y, sobre todo, conociendo quiénes encabezan este sistema nos podríamos dirigir a ellos cuando la situación lo requiera, pues ha resultado francamente difícil este verano (y hasta esperpéntico) conocer a quién o quiénes deberíamos dirigir nuestra indignación por la “caída” del UpToDate.

2.- Necesidad de competencia. Los recursos en ciencias de la salud son únicos y distintos. No es lo mismo suscribir Lancet que New England, ni una revista de urología que otra. Como no es lo mismo suscribir, a día de hoy, UptoDate que cualquier otro recurso apropiado para la ayuda en la toma de decisiones. UpToDate, y lo sabemos desde el polo sur hasta Alaska (y repito, al menos a día de hoy) es el “number one”. Dynamed, Clinical Key, Best Evidence… le siguen a la zaga, y es de esperar que pronto haya un competidor a la medida para, al menos, evitar situaciones tan correctamente empresariales como la de UpTodate, que después de haber recibido 2 millones y medio de euros por una licencia nacional ha demostrado muy poca cortesía este mes de agosto.

3.- Necesidad de evaluación. Consideramos que UpToDate es el “number one” porque así lo consideran nuestros usuarios (no hace falta contabilizar el número de llamadas y consultas que recibimos cuando no funciona su acceso) y porque así lo hemos comprobado cuando hemos hecho búsquedas. Pero, al menos que mi memoria me traicione, en nuestro país no se ha realizado ninguna investigación que evalúe para nuestro sistema sanitario los beneficios y ventajas de su suscripción en la toma de decisiones y, por tanto, en el desarrollo de una mejor asistencia sanitaria. Como tampoco tristemente se ha realizado este verano otra investigación para evaluar los perjuicios que la falta del UpToDate ha podido ocasionar a nuestra asistencia sanitaria.

4.- Que la solución no sea un problema. Llevamos años luchando por la suscripción de licencias nacionales (que democratizan el acceso a los recursos de información y disminuyen posiblemente los costes, entre otras ventajas) cuando de repente nos hemos encontrado que lo que se presuponía una solución mágica se ha convertido en un problema. Pues si bien UpTodate no es un recurso que se preste a la solicitud de documentos como ocurre con las revistas científicas, nos hemos dado cuenta que, salvo aquellas bibliotecas que no pertenecen al sistema sanitario público, nadie, pero nadie, ha tenido acceso al UpToDate durante el mes de agosto. Lo que a fin de cuentas se ha convertido en toda en un arma de chantaje por parte de los proveedores con la que presionar a los suscriptores (o todos o nadie), olvidando aquellos que la parte económica no es lo único importante pues gracias a una licencia nacional se ahorran el trabajo de ejecutar trescientos o cuatrocientos contratos anuales. No es momento de repensar la utilidad o no de las licencias nacionales, pero sí que a partir de ahora habrá que leer tres veces la letra pequeña cuando se suscriban nuevas licencias nacionales para evitar precisamente eso, que la solución sea un problema.

5.- No suscribir ni renovar nunca en agosto. Por mucho que el cuerpo nos lo pida, dado que el país se sume en los vapores veraniegos durante este mes (máxime éste de 2015, que ha sido especialmente tórrido), cualquier mes lectivo mejor que agosto para cualuir renoación o suscripción, visto lo visto. Al menos alguien habría al otro lado del teléfono.

6.- Las bibliotecas no están estáticas. Pese a la pasividad que parece esconderse tras las sólidas estanterías de nuestras bibliotecas, el “suceso UpToDate” ha demostrado que nuestras bibliotecarias no han permanecido estáticas. Iniciativas de escritos, de correos en BIB-MED y las reflexiones de diferentes responsables de bibliotecas virtuales de las Comunidades Autónomas así lo han demostrado. Con mayor razón, debido a toda la inteligencia, conocimiento y pasión de nuestros bibliotecarios y bibliotecarias, creo que es cada vez más necesaria la existencia de ese sistema bibliotecario nacional que encauce nuestras necesidades y nos dé representatividad en el sistema sanitario público.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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Una respuesta a Serpiente de verano

  1. José Luis Llopis dijo:

    “La más clara prueba de que existe vida inteligente en otros planetas, es que todavía no han venido a visitarnos”.
    Sigmund Freud

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