Bibliotecas a la moda

prada¿Se encuentra su biblioteca con dificultades para renovar las suscripciones para el 2015? ¿Le gustaría contar con una financiación extraordinaria para afrontar esta ya larga crisis? ¿Está cansada, o cansado, de ver cada día a sus usuarios con sus mismas indumentarias, sus blancas batas y sus holgadas ropas verdes? Una biblioteca francesa, la pasada semana, ha solucionado de un plumazo ambos problemas, el económico y el del tedio, con una fórmula original a la par que sencilla: la biblioteca abierta… a otras actividades. Una fórmula que, todo hay que decirlo, y siempre ha habido clases, no puede estar al alcance de todas las bibliotecas, pues es necesario contar con sobrados pasillos, amplias salas de lectura y cierto atractivo arquitectónico proporcionado por un vetusto y rico mobiliario además de por el marco incomparable en el que su biblioteca se levanta. Sin dar más rodeos, hace unos días, según revela el diario El Confidencial, una biblioteca parisina fue escenario de un desfile de moda.

Fuente: El Confidencial, 9 de marzo de 2015

Fuente: El Confidencial, 9 de marzo de 2015

No se trataba de prestar las salas de la biblioteca para mostrar las últimas novedades en catálogos de libros, mesas para los usuarios, exlibris, arcos de seguridad, expositores y sillas anatómicas. Tampoco se trataba de que bibliotecarios y bibliotecarias, cuales venus y adonis, lucieran los últimos modelos de vestuario más apropiados para manejarse con soltura entre los servicios de referencia, préstamo y catalogación. Tampoco se trababa de presentar las nuevas dependencias del Museo del Traje de París.

Simplemente se trataba de uno de los desfiles de la Semana de Moda de París, el del modisto portugués Luis Buchinho, en el que la biblioteca en cuestión (toda una señora biblioteca, a juzgar por la imagen) prestaba sus dependencias y la semana de la moda prestaba sus modelos, en un insólito y enriquecedor intercambio cultural. No cuenta la prensa si los responsables de la biblioteca tuvieron que expulsar para la ocasión a sus usuarios de la sala cual Cristo arrojando a los mercaderes, o los propios usuarios, ante tal acontecimiento, optaron por refugiarse pacíficamente en una esquinita y contemplar con entusiasmo cómo agraciados señoritos y señoritas paseaban desde las estanterías de filosofía hasta las de matemáticas las últimas novedades para la temporada del próximo otoño-invierno.

Quizás cunda el ejemplo y el año que viene veamos en los Salones Gaudí o Cibeles pasear a los modelos entre el Index Medicus y las Actas Urológicas Españolas de alguna biblioteca hospitalaria. Como lo más probable es que no, siempre podremos alentar a nuestros habituales usuarios, de verde y blanco, a que se paseen arriba y abajo de la sala de lectura contoneando sus caderas cual modelos de élite. Si no conseguimos un emolumento extra para la biblioteca, al menos entre usuarios y bibliotecarias nos echaremos unas risas. Las mismas sonrisas que debieron surcar el rostro de Fellini cuando rodaba el recordado pase de modelos eclesiásticos de “Roma” (1972), todo un adelanto a lo que luego vieron las estancias vaticanas…

Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista

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