El día de la marmota

Atrapado en el tiempo (1993)

Atrapado en el tiempo (1993)

La marmota Phill lo ha vuelto a decir, y ya van 129 ediciones. Este invierno durará aún seis semanas más. En Punxsutawney, un pueblo de Pensilvania que quedara inmortalizado en la película “Atrapado en el tiempo”, los achisterados miembros del Groundhog Club han vuelto a sacar de su madriguera, como cada 2 de febrero, a la mascota Phill, y cual pulpo Paul, ésta ha pronosticado el futuro más inmediato. ¿No sería ideal poder contar con una marmota como Phill para la gestión y planificación blbiotecarias? Una marmota que, sin ir más lejos, nos pronosticara cuáles serían las revistas más consultadas (estupendo en épocas de recortes), los libros más prestados o los cursos de búsquedas más solicitados. Si quiere una biblioteca de futuro, ponga una marmota en su biblioteca.

Dicho y hecho. Como somos unos envidiosos de los ciudadanos de Punxsutawney, el invierno de los Estados Unidos nos queda un poco lejos  y nos preocupan más las estadísticas y los recursos de nuestra biblioteca que la nieve en Nueva York, a falta de  marmota hemos optado por sacar a pasear por la biblioteca a una pareja de hámsters del animalario que llevábamos entrenando desde hace seis meses. Sin embargo, cuál no habrá sido nuestra sorpresa cuando ambos roedores, nada más salir de su nido, han prefeirdo huir por debajo de la puerta en lugar de vaticinarnos si el New England se iba a consultar 3.258 veces o si el Guyton se iba a prestar 228.

Ante tal fracaso zoológico, una de las auxiliares ha propuesto mirar entonces a los cielos y, cual romanos, leer el vuelo de las águilas: Pero salvo dos palomas, una cigüeña y tres gorriones, no ha habido águila que sobrevolara la biblioteca. La auxiliar de la tarde ha sugerido, en su defecto, leer las vísceras de un animal y, por más vueltas que hemos dado por el centro, sólo hemos encontrado en las cocinas un pollo congelado, sin apenas higadillos sobre los que predecir el número de búsquedas bibliográficas para este año. Un residente que llegaba entonces, aferrado a un reciente café de máquina, nos ha convencido de que podría ser una plausible alternativa leer los posos de su café, y tras hacérselo beber en menos que canta el pollo congelado de la cocina, no hemos visto en los posos ni siquiera el test de Rorschach (aunque hemos llegado a la conclusión de que a partir de ahora nos mantendremos alejados de la susodicha máquina de café). Otra auxiliar ha propuesto, en última instancia, despertar a nuestra propia marmota de dos piernas, ese técnico de rayos que, como el Bill Murray del film, todos los días a las tres en punto de la tarde repite la misma escena: quedarse completamente traspuesto en la mesa de la esquina. Sin muchos miramientos hemos despertado a nuestro morfeo y, como si fuera la mascota Phill, ha deambulado unos segundos por la sala, ha visto su sombra y ha vuelto a adormilarse, no sin antes dar cinco, cinco vueltas a la mesa. Un adjunto, que esperaba unas fotocopias compulsadas, ha concluido con seguridad que eso significaba cinco veces más de usuarios, aunque una estudiante de enfermería ha argüido que serían cinco veces más de préstamos. Lo único cierto es que como no encontremos rápidamente a la pareja de hámsters bajo las estanterías, en unos meses tendremos que abrir una sucursal del animalario en un rincón de nuestra biblioteca.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Bibliotecas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s