Y de twitter, ¿qué?

alfilonoticiaNo solemos en estas páginas dar salida a los comentarios de los lectores (sobre todo, porque apenas hay comentarios y lectores nunca sobran), pero en este caso vamos a hacer una excepción con el atribulado Wencesalo Armando Quintero. Dedicábamos hace un par de semanas esta página a señalar algunas líneas de trabajo de las herramientas sociales en el ámbito de la publicación y la investigación biomédicas. La razón de dicha entrada fue el más puro azar al descubrir entre las peticiones de artículos de una usuaria de la biblioteca uno sobre el uso de facebook en la metodología de un trabajo relacionado con el papilomavirus. Y de ahí, tirando como vulgarmente se dice del hilo, fueron saliendo otros artículos. A los pocos días de publicada esta entrada sobre facebook, Wenceslao Armando Quintero, experto tuitero al sur de río Grande a la par que consumado bibliotecario y bibliotecólogo, se quejaba en un correo de haber discriminado en este blog a una herramienta tan versátil, rápida y concisa como es twitter. De hecho, el propio Wenceslao Armando es un fan de twitter (hay quien lo tildaría de enfermizo usuario, pero eso va en gustos y opiniones), pues según nos explica con detalle en su correo no puede permanecer sin tuitear ni cinco minutos (de hecho, de noche, los tiene programados automáticamente). Y debe ser ello cierto, pues consultando su cuenta estos son los tres primeros tuits escritos a primera hora de la mañana del domingo: 9:00. Es domingo y me acabo de levantar. Hace un sol espléndido / 9:01: Hace un minuto que he escrito el primer tuit de la mañana / 9:02: Hace dos minutos que escrito el primer tuit del día, y hace uno que he escrito el segundo (Os podéis imaginar cómo es el tuit de las doce de la noche). Una obsesión, como otra cualquiera, que en esta ocasión me ha venido de perlas, pues útlimamente no sobras las ideas para la escritura.

Estimado bloguero: Sigo desde hace años su extraño blog bibliotecario con la esperanza de entender alguna vez algo de lo que usted escribe, aunque no desespero pues mi sobrina, que es también bibliotecaria, se ríe a mandíbula batiente cuando lee alguna de sus entradas. Si bien es cierto que ella es de risa fácil. El caso es que la semana recién terminada leí una de sus entradas acerca de facebook y tras su atenta lectura lamenté que hubiera dedicado tantas líneas a esa herramienta sin apenas mencionar otra como twitter, con mucha mayor aplicabilidad. Si se me permite la sugerencia, le ruego dedique en próximas semanas una entrada a twitter. Sin duda comprobará cuán mejor es twitter que facebook, y verá cómo la vida le sonríe. Disculpe la brevedad del texto, pues me debo a mi twitter. Sinceramente suyo, Wenceslao Armando Quintero, bibliotecólogo y tuiteador.

Así pues me puse manos a la broma y tirando, como siempre, de PubMed comencé a descubrir que los primeros trabajos sobre twitter se dedicaban a explicar las posibilidades de ésta que era entonces una nueva herramienta: It’s Twitter time (2009), Twitter for scientists (2010), Do you twitter and tweet? (2010) y Physicians on Twitter (2011); pero enseguida los artículos fueron diversificándose mostrando diferentes utilidades para distintos profesionales sanitarios: Twitter for neurosurgeons (2011), Social media in low-resource settings: a role for Twitter and Facebook in global surgery? (2012), Twitter as a tool for ophthalmologists (2012), Aging 2.0: health information about dementia on Twitter (2013), Analysis of pharmacists’ use of Twitter (2014) y Utilisation exponentielle des reseaux sociaux en medecine : exemple de l’interet de Twitter (c) en urologie (2015).

Clasificando los resultados de la búsqueda pude distinguir claramente un grupo extenso de trabajos que se han dedicado a explorar las oportunidades de twitter como herramienta para la formación continuada, muy especialmente entre los profesionales de la enfermería: Nursing education 2.0: Twitter & tweets. Can you post a nugget of knowledge in 140 characters or less? (2008), Twitter: consider the possibilities for continuing nursing education (2010) y Critical care training: using Twitter as a teaching tool (2011) y Happiness, stress, a bit of vulgarity, and lots of discursive conversation: A pilot study examining nursing students’ tweets about nursing education posted to Twitter (2014). E, incluso, hay quienes lo proponen para evaluar a los residents: A novel use of Twitter to provide feedback and evaluations.

Twitter nació como una herramienta de comunicación (breve, con sus ya famosos 140 caracteres, pero una herramienta al final y al cabo) y a explotar esa funcionalidad se dedica otro conjunto relevante de trabajos. Sin ir más lejos, en el pasado año 2014, podemos encontrar unos cuantos ejemplos: Twitter as a tool for communication and knowledge exchange in academic medicine: A guide for skeptics and novices; Social Media and Scientific Meetings: An Analysis of Twitter Use at the Annual Meeting of the American Society of Neuroradiology; Social media and palliative medicine: a retrospective 2-year analysis of global twitter data to evaluate the use of technology to communicate about issues at the end of life; y Twitter and nursing research: how diffusion of innovation theory can help uptake. En esta categoría de twitter como instrumento para la comunicación hay quienes han descubierto su enorme potencialidad en tiempos de desastres, crisis y pandemias (From Twitter to Megaphones: Seven Lessons Learned about Public Health Crisis Communication), y rastreando entre referencia y referencia prácticamente no hay crisis sanitaria que no lleve emparejado su estudio a través de los usos de twitter: Pandemics in the age of Twitter: content analysis of Tweets during the 2009 H1N1 outbreak (2010), What makes people talk about Ebola on social media? A retrospective analysis of Twitter use (2014) y Network structure and community evolution on Twitter: human behavior change in response to the 2011 Japanese earthquake and tsunami (2014). Aunque algunos trabajos (no podía ser todo tan idílico) han detectado ya el grave peligro de tuitar y retuitear una información errónea, como ha ocurrido en el caso reciente de la epidemia del ébola, donde frecuentes tuits daban por cierto que esta enfermedad se curaba por transfusiones o con una planta de la zona como es el ewedu (Ebola, Twitter, and misinformation: a dangerous combination?; 2014).

Al margen de estas crisis, twitter se ha revelado también como un instrumento eficaz para la divulgación de la información: Dissemination of health information through social networks: twitter and antibiotics (2010); Follow Eurosurveillance on Twitter (2012); y Blogs and Twitter in medical publications: too unreliable to quote, or a change waiting to happen? (2011). Y los hay que miden y pesan estos usos informativos, abriendo vías de estudios en el ámbito bibliotecario, por ejemplo, como apoyo para el análisis bibliométrico: Can tweets predict citations? Metrics of social impact based on Twitter and correlation with traditional metrics of scientific impact; Implementing Twitter in a health sciences library y Do altmetrics work? Twitter and ten other social web services.

Como se comentaba hace unas semanas cuando hablábamos de facebook (lo que tanto ha disgustado a Armando Quintero) twitter puede así mismo dar juego en las metodologías de la investigación: Twitter and Health Science Research; Using Twitter to investigate opinions about multiple sclerosis treatments: a descriptive, exploratory study (2011); Methodological considerations in analyzing Twitter data (2013); Use of Twitter to monitor attitudes toward depression and schizophrenia: an exploratory study (2014) y A case study of the New York City 2012-2013 influenza season with daily geocoded Twitter data from temporal and spatiotemporal perspectives (2014). Y muy particularmente parece abrirse todo un abanico de posibilidades entre los investigadores de la salud pública, desde el tabaquismo a la vacunación pasando por las campañas de salud pública: Tweeting for and against public health policy: response to the Chicago Department of Public Health’s electronic cigarette Twitter campaign (2014); Analysing Twitter and web queries for flu trend prediction (2014); Twitter: an opportunity for public health campaigns (2014); Making the most of a brave new world: opportunities and considerations for using Twitter as a public health monitoring tool (2014); Using twitter to examine smoking behavior and perceptions of emerging tobacco products (2013) y Twitter as a source of vaccination information: content drivers and what they are saying (2013).

Pero mejor será ser quizás un poco prudentes, pues de tanto tuitear y retuitear sin parar (ojo, Wenceslao, ojo), hay quienes se han convertido de estudiosos en pacientes: Twitter psychosis: a rare variation or a distinct syndrome? (2014); Problems associated with the use of social networks–a pilot study (2013) y Problematic use of social networking sites among urban school going teenagers (2012).

Muchas ideas con twitter, querido lector, para su próximo artículo o para su próximo trabajo de investigación. Aunque quizás ya ésta sea una herramienta del pasado más reciente y haya que ir pensando en trabajar e investigar con quitter. Otros ya han ido migrando.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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