Un beso y un libro

minionsUn beso, salvo que se dé en plena calle como el famoso beso de Robert Doisneau, es un acto más o menos íntimo, que incumbe por lo general a dos (aunque hay excepciones que no es necesario aclarar). Sin embargo, como acaban de demostrar unos investigadores holandeses, resulta que de  íntimo tiene bien poco, por mucho que se dé bajo las sábanas de un lecho o en el cuarto oscuro de las escobas. Ya que todo beso (incluido el histórico de tornillo entre Breznev y Honecker que adornaba el muro de Berlín) es un acto multitudinario en el que intervienen no sólo la pareja protagonista, a la que pertenecen las bocas en cuestión, sino también más de 80 millones de “invitados” (en un beso, por ejemplo, de 10 segundos, según los investigadores), que no son otros que esos millones de bacterias que en busca de nuevos mundos fluyen de una cavidad bucal a otra, sin que la pareja, ensimismada en su enamoramiento, sea consciente de tal flujo migratorio. Al final, como dicen los astrónomos, no estamos solos en el universo, y recorremos este mundo además de con nuestras circunstancias también con cientos de millones de bacterias, que campan a sus anchas dedicadas a sus menesteres.

Y ahí comienzan mis preguntas. Si en un beso de boca a boca de 10 segundos (ojo a partir de ahora con los besos de los socorristas o de los médicos del SAMUR) viajan 80 millones de bacterias (ojo al dato, en España nos ha costado sesis meses para que llegaran 28 millones de turistas), ¿cuántas bacterias viajan en un libro prestado en el mostrador de la biblioteca? Según otros investigadores, esta vez de la Univesidad de Búfalo, las bacterias, sobre todo los Streptococcus pneumoniae y Streptococcus pyogenes, suele afincarse en lugares inanimados durante más tiempo del deseado, sin ir más lejos juguetes y libros. Luego, ¿tienen más bacterias los libros de una biblioteca hospitalaria que los de una biblioteca pública? ¿Hay más bacterias en un libro de microbiología que en otro de pediatría? ¿Tienen más o menos bacterias las cartas al director que los artículos originales? ¿Un libro impreso que un libro electrónico? ¿PubMed que la WOS? ¿Una revista internacional que una revista española? ¿Deberemos a partir de ahora ponernos guantes (con el riesgo de ser confundidos con una bruja) cada vez que prestemos un libro y, por supuesto, no dar besos de tornillo a nuestros usuarios? Si nos volvemos unos remilgados, unos asépticos y unos ultraconservadores, ¿no estaremos coartando la libre circulación en la Unión Europea de esos millones de bacterias que hartas de habitar el mismo cuerpo durante años desean ver mundo, aunque sea a través de una boca conocida o desconocida? Por cierto, hay más bacterias en PubMed (1.045.858) que en la Web of Science (630.258).

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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