No tenemos escoba

brujas1Los tópicos no por repetidos son más verdaderos ni ciertos. La profesión de bibliotecaria lleva arrastrando durante siglos algunos de ellos, principalmente por ejercer con celo y profesionalidad su profesión. Uno de ellos es el de la brujería. Y no me estoy refiriendo únicamente a la serie “Las brujas de East End”, donde una de sus protagonistas, Ingrid (Rachel Boston) trabaja como bibliotecaria. Tampoco es que haya dado por hacer pócimas en las bibliotecas en vez de servir libros, sino que precisamente por querer preservar el silencio y conservar nuestros fondos, muchos usuarios nos van tildando de brujas, más que brujas. ¿O es imaginación mía que algunos usuarios van refunfuñando estas palabras por los pasillos?

brujas2¿O es que nadie ha oído con meridiana claridad expresiones como: qué bruja y qué agria es esta bibliotecaria que no para de mandarnos callar, qué bruja y qué borde que no me ha dejado renovar por cuarta vez este libro (libro que, por cierto, lleva prestado el usuario desde hace cuatro meses y aún no lo ha terminado de leer), qué bruja y antipática que no me dejado comerme un bocata en la sala de lectura, qué bruja que no me ha prestado para casa un número del BMJ o qué bruja que no me pasado sus contraseñas de la biblioteca virtual.  Y si uno navega por internet también podrá encontrar perlas literarias e imágenes que asocian estas dos profesiones tan antiguas. Sin ir más lejos, ésta imagen de la izquierda, totalmente alejada de la realidad bibliotecaria del siglo XXI.

Pues bien, ya va siendo hora de romper una lanza en favor de las bibliotecarias y romper este mito ancestral. Para ello no acudiremos a las definiciones canónicas que tanto la British como la RAE nos ofrecen del término “bruja”, sino que acudiremos a uno de los máximos expertos y especialistas en la materia, al escritor británico Roald Dahl (a quien ya mencionamos en estas mismas páginas hace algunos meses, “La m con la a, ma”), quien en su libro “Las brujas” (Alfaguara, 2002) realiza una de las más certeras descripciones  de lo que es una bruja a través de la descripción que una abuela va haciendo a su nieto de estos personajes de capirote y escoba:

1.-  “En primer lugar, una bruja de verdad siempre llevará guantes cuando la veas… Porque no tiene uñas. En vez de uñas, tiene unas garras finas y curvas, como las de los gatos, y lleva los guantes para ocultarlas.”

2.- “La segunda cosa que debes recordar es que las brujas de verdad son siempre calvas. Calvas como un huevo duro. Una bruja de verdad lleva siempre peluca para ocultar su calvicie.”

3.- “Sin embargo, estas pelucas les causan un problema bastante serio a las brujas… Hacen que el cuero cabelludo les pique terriblemente. Les produce un picor espantoso y una irritación muy desagradable en la piel de la cabeza. Las brujas le llaman “erupción de peluca”. Y pica rabiosamente.”

4.- “Fíjate en los agujeros de la nariz. Las brujas tienen los agujeros de la nariz ligeramente más grandes que los de las personas normales… Para oler mejor. Una bruja de verdad tiene un olfato realmente asombroso. Es capaz de oler a un niño que esté al otro lado de la calle, en una noche oscura como boca de lobo… Un niño completamente limpio despide un hedor espantoso para una bruja. Cuanto más sucio estés, menos hueles.”

5.- “Míralas cuidadosamente a los ojos, porque los ojos de una bruja de verdad son diferentes de los tuyos y de los míos. Mírala en el centro de cada ojo, donde normalmente hay un puntito negro. Si es una bruja, el puntito negro cambiará de color, y verás fuego o verás hielo bailando justo en el centro de ese punto.”

6.- “Los pies. Las brujas nunca tienen dedos en los pies.. Sus pies son cuadrados y sin dedos.”

7.- “Su saliva es azul… Azul como el arándano… Hasta la usan para escribir. Usan esas plumas antiguas que tienen plumín y no tienen más que lamer el plumín… Si miraras con mucho cuidado, probablemente verás un ligero tono azulado en sus dientes. Pero no se nota mucho.”

Sin duda, es ésta de Dahl una de las más completas y científicas descripciones. Analizándola detalladamente y analizando el entorno, puedo concluir, sin temor a equivocarme ni un ápice,  que no existe bruja alguna en las bibliotecas de ciencias de la salud. Ni en turno de mañana ni en turno de tarde. Ni en atención al público ni ante el ordenador. Ni buscando en PubMed ni enviando un artículo por correo electrónico.

Así pues, cuando un usuario intente ver si no tenéis dedos en los pies, si vuestros dientes son azules o si tenéis los ojos raros, dadle una colleja más pronto que tarde, y si pueden ser dos, mejor que una. Y unas recomendaciones para terminar: por si acaso, nunca os rasquéis la cabeza delante de uno de vuestros usuarios ni llevéis guantes en la biblioteca, por mucho que se haya roto la calefacción y haga un frío de mil demonios. Por vuestro bien. Algunas lo hicieron en la Edad Media y ya sabéis cómo acabaron.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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Una respuesta a No tenemos escoba

  1. Encanto dijo:

    ¡Qué bueno¡¡¡ Gracias a que estemos en la Edad Media, por que si no a saber como acabaría.

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