Las cuentas de la lechera

viviresfacilComo todas las mañanas, tras sonar el despertador la bibliotecaria encendió la radio, encendió la cafetera, se duchó con relajadas prisas y se tomó un café de pie, con una tostada, mientras seguía oyendo la radio. Acabadas las noticias, la bibliotecaria apagó el transistor pero por su mente seguían dando vueltas unas cifras magnéticas que, con su carrera de letras, no sabía dimensionar. 15 millones de euros. 15 millones de euros. 15 millones de euros… Y comenzó a pensar (algo a lo que estaba acostumbrada desde pequeña y que ponía en práctica todos los días). Si una revista científica en formato electrónico puede costarle de media a una institución, pongamos por caso, unos 800 €, ¿cuántas revistas biomédicas se podrían haber suscrito durante diez años con 15 millones de euros? ¿Cuántas plataformas de revistas electrónicas se podrían haber suscrito? ¿Cuántos libros electrónicos? ¿Cuántos recursos de evidencia? ¿Cuántos uptodates, clinicalkeys y bestpractices? ¿Cuántas salas de lectura se podrían haber remodelado? ¿Cuántas bibliotecas podrían haber modernizado su parque de ordenadores? ¿Cuántos cursos de búsquedas bibliográficas se podrían haber impartido desde el Cabo de Gata a Finisterre con 15 millones de euros? ¿Cuántas Jornadas de Bibliosalud se podrían haber financiado? ¿Cuántas bibliotecas virtuales y cuántos opacs se podrían haber actualizado? ¿Cuántas becas y estancias en la National Library of Medicine podrían haberse sufragado con 15 millones, o con 7, o con 3 o con 1? Eso por no hablar de cuantos médicos, docentes y enfermeras podrían haberse contratado, de cuántos desahucios podrían haberse evitado, de cuántos comedores escolares podrían haber seguido funcionado, de cuántas familias dependientes podrían vivir más desahogadamente, de cuántas becas podrían haberse otorgado, de cuántas películas podrían haberse rodado, de cuántos bosques y cuántas calles podrían estar más saneados, de cuántos kilómetros de carreteras podrían haberse arreglado, de cuántos puestos de trabajo podrían haberse creado y de cuántos estudiantes sobradamente preparados no tendrían que haberse ido a Alemania. Cuando la bibliotecaria despertó, no encontró ni rastro de los 15 millones de euros ni tampoco del famoso dinosaurio de Augusto Monterroso, pero sí encontró frente a ella ese viejo OPAC  de la sala de lectura que algún día habría que renovar. Eso sin pensar en renovar su propio ordenador, que funcionaba un día sí y otro no.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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Una respuesta a Las cuentas de la lechera

  1. Sol Elarien dijo:

    Está claro que los recortes no afectan a los que deberían afectar. Lo único que últimamente el gobierno otorga gratuitamente son los disgustos.

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