El mundo al revés

El mundo está loo,loco, loco (1963)

El mundo está loo,loco, loco (1963)

Médicos pagando por operar. Ingenieros por construir puentes y carreteras. Taxistas por llevar pasajeros de una punta a otra de la ciudad. Tenderos por ofrecernos mandarinas y naranjas de Levante. Anticuarios por vendernos un jarrón de la dinastía Ming. Profesores por enseñarnos a leer, a sumar y a restar. Y bibliotecas públicas por prestar libros. Este es el mundo al revés que se nos puede avecinar si prospera el ejemplo del Real Decreto publicado el 1 de agosto de este 2014 acerca de la “remuneración a los autores por el préstamo de sus obras realizados en determinados establecimientos accesibles al público” y que viene a desarrollar lo anunciado por la Ley de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas, que data del 2007. La hipótesis es sencilla: las bibliotecas públicas, con sus préstamos, reducen los ingresos de los autores. ¿No será al revés? ¿No será más bien que las bibliotecas, en muchas ocasiones, den publicidad a más de un autor que ni siquiera el lector más asiduo de la biblioteca supiera que existía? ¿No incitan las bibliotecas públicas a leer y no facilitan la lectura a quienes no tienen o no pueden tener libros en las estanterías de su casa? Aunque en principio este despropósito sólo parece afectar a las bibliotecas públicas, acordándome del tan manido y trillado texto atribuido a Brecht (aunque en verdad es del pastor protestante Martin Niemöller), es posible que pronto vengan a por el resto de bibliotecas (abierto el melón….). Parece ser que las especializadas nos salvamos por aquello de “con finalidad de investigación”.  (¿Sería una solución que los lectores de las públicas afirmaran necesitar el libro prestado para una investigación?). No está de más que, de una forma u otra, echemos una mano, al menos quejándonos de este desatino tal y como está formulado pues si bien el canon no va a repercutir directamente en el bolsillo del usuario que se lleva un libro prestado a casa si lo  va a hacer en los ya menguadísimos presupuestos de las bibliotecas, que tendrán que retrotraer partidas de sus presupuestos para pagar este canon y además financiar la reconversión de sus programas informáticos para identificar los préstamos sujetos a este canon.

Sea como fuere, parece todo un despropósito este decreto que carga contra los más débiles,  por mucho que los autores tengan todos sus derechos a ser remunerados por haber escrito una oba. (¿Cómo escribir si no en un país donde se piratea de lo lindo?). Pero para vestir a un santo (y eso que soy laico) no es necesario desvestir a otro. Si la función de las bibliotecas públicas es difundir la cultura, conservarla, apoyar e incitar a la lectura ¿por qué penalizar esas funciones? ¿No debería ser justo al revés, que el Estado pagara un canon a cada biblioteca cuando ésta ha prestado un libro, cuando en ella se ha leído un libro en su sala de lectura, cuando en ella se ha organizado un club de lectura? Ríos de tinta en la red han corrido desde este 1 de agosto (y eso que medio país estaba de vacaciones), pero para ahorraros tiempo, nada mejor que el texto escrito por José Antonio Merlo (a quien tuvimos oportunidad de oír en la clausura de nuestras Jornadas de Cádiz 2011), “La sinrazón del canon por el préstamo bibliotecario”, en el que después de ir desgranando con mucho conocimiento de causa, muchas lectura y mucha lógica una serie de argumentos en contra de la formulación actual de este decreto, concluye de forma contundente afirmando que:

1.- El sistema es injusto, porque cobra por promover la cultura
2.- El sistema es inadecuado, porque no beneficia a los autores
3.- El sistema es ilícito, porque permite recaudar sin derechos
4.- El sistema es arbitrario, porque no se ajusta a indicadores reales
5.- El sistema es antisocial, porque resta financiación a un servicio público
6.- El sistema es erróneo, porque se basa en planteamientos falsos
7.- El sistema es absurdo, porque penaliza a quienes mejor hacer su trabajo
8.- El sistema es desproporcionado, porque vuelve a cobrar por derechos ya pagados
9.- El sistema es insidioso, porque se establece con intereses particulares
10.- El sistema es pernicioso, porque ataca a las bibliotecas públicas

Se podría decir MÁS ALTO, pero nunca más claro. Por si acaso prospera esta propuesta demencial (y seguro que lo hará en este mundo gobernado por neoliberale$$$$), yo empezaré ya a cobrar un canon a mi cuñado cuando se lleve un libro de casa y al señor que de reojo va leyendo mi periódico en el asiento de mi derecha, todas las mañanas,  en el mismo vagón del metro. Y, por si acaso, voy a cobrarme yo mismo un canon por cada libro que vaya releyendo de los que ya compré hace años, leí en su momento, coloqué ordenadamente en el salón, y ahora me apetece volver a recrearme con él. Es, lo que dicen, curarse en salud.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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