Pues para no hacer nada…

Buen trabajo (1999)

Buen trabajo (1999)

Puede parecer que en las bibliotecas no hacemos nada. Bien es cierto que la imagen del mostrador de una biblioteca o la quietud y el silencio de sus salas no incitan a pensar que sí. Pase usted a una cadena industrial de envasado de yogures, con sus ruidos y sus máquinas infernales, y le parecerá que trabajan lo indecible. El eterno dilema del ser y del parecer.  El vulgo más profano está convencido de que, en una biblioteca, un libro entra por el lateral derecho de un ordenador y aparece ya catalogado por su extremo izquierdo sin el concurso de la bibliotecaria que, como el fabricante de yogures, tan sólo aprieta un botón. Alguien, con el tiempo, les sacará del error. Porque, aunque muchos no se lo crean, ¿cómo es posible que en una biblioteca se hagan tantas y tan diversas cosas en una misma mañana? Cuestión de genética. Nuestras madres han hecho toda su vida miles y miles de cosas de lunes a viernes, y también los fines de semana. Era lo que durante años se llamó, en los carnets de identidad pre-democráticos, “sus labores”. Y nuestras bibliotecas, en la mayoría de los casos, están gestionadas por representantes del sexo femenino que, como por todos es sabido, son capaces de hacer tres y cuatro cosas simultáneamente (la bibliotecaria “multitarea” de toda la vida, que ahora hemos convenido en definir como “integrada”). Si fuera una profesión eminentemente masculina, otro gallo nos cantaría.

El caso es que, y vuelvo a repetirme, en las bibliotecas no se para (tan sólo a la hora del desayuno y para comer, según turnos) y prueba de ello son los 41 resúmenes presentados en las XV Jornadas Nacionales de Información y Documentación en Ciencias de la Salud. Número éste además que viene a evidenciar otra tradición secular entre las bibliotecarias, esto es, que la jornada profesional no termina al cerrar las puerta de la biblioteca, sino que prolonga en el hogar, dulce hogar, hasta las tantas de la noche. O si no, ¿quién sería capaz de preparar un resumen de un póster o el mismo póster en su biblioteca mientras un usuario le pide una búsqueda, otro un clip, el de allí un libro, el otro información de Zotero y el de más allá que le recuerde sus claves de la biblioteca que juraría que había puesto “piolín35” y el odioso sistema informático va ahora y no se las reconoce? Publicaciones, clases, comunicaciones, informes y otros ejercicios similares de redacción y concentración difícilmente pueden ser pergeñados en nuestras bibliotecas un día cualquiera.

Vuelvo a repetirme. 41 resúmenes que vienen a resumir (esto no es una repetición, es una redundancia redundante –esto sí es repetible-) la actividad de nuestras bibliotecas de salud desde las últimas, las Jornadas de Cádiz. Habrá quienes malintencionadamente comenten que los hemos hecho la noche anterior, y presumiblemente quien esto opine no haya entregado en esta ocasión ni un solo resumen. El caso es que (y pese a estos comentarios ominosos de gente resentida y maldiciente) estos 41 resúmenes, procedentes de los cuatro vientos, son un fiel reflejo de la variada, interesante, productiva e ingeniosa actividad de nuestras bibliotecas.

posteresbibliosalud2014

Quien tenga a bien consultar sus textos, disponibles en la página web de las Jornadas (http://jornadasbibliosalud.es/posteres-aceptados/), podrá comprobar que en ellos habitan bibliotecas virtuales, repositorios, bibliotecas de hospitales, bibliotecarias integradas, servicios bibliotecarios de la más variada idiosincrasia, formaciones de usuarios, bibliotecas universitarias, indicadores de calidad e indicadores bibliométricos, búsquedas bibliográficas, informaciones para pacientes, portales para los investigadores… Y, sobre todo, mucha sabiduría, mucha entrega y mucho cariño por la profesión. Y mucho trabajo, pues ya que los libros (como dice el vulgo) entran por un lado del ordenador y salen por otro, podemos dedicarnos a recoger la producción científica de nuestros centros, a recopilar y analizar estadísticas de uso, a realizar y estudiar el préstamo interbibliotecario, a generar productos audiovisuales de formación, a rediseñar y alimentar nuestras bibliotecas virtuales, a crear portales y herramientas para nuestro usuarios, a realizar búsquedas expertas, a evaluar y mejorar nuestros servicios… y a plasmar todas estas infinitas actividades, procesos y elucubraciones en 2.500 caracteres, uno detrás de otro, empezando por los objetivos y terminando por las conclusiones. En poco más de mes y medio podremos además consultar los textos completos de dichos pósteres. (que según algunas malas lenguas haremos también en una noche; por favor, quien sepa hacerlo en una noche, que venga a mi casa).

Los leemos ya en la web y los podremos ver, a todo color y con todo lujo de detalles, en Madrid. Os esperamos.

Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista

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