Ayer los dinosaurios, mañana Internet

armagedon“¿Y si no existiera Internet?”, preguntaría el espabilado intentnado poner en un brete a los compañeros de promoción reunidos frente a unas cervezas y unas raciones de pulpo y de bravas. “Habría que inventarla” – respondería el más ingenioso. Como si todas las mañanas uno se levantara y frente al espejo del baño, con esos ojos medio cerrados y despeinado,  se dijera a sí mismo: “Hoy, voy a inventar algo… No sé.. Tengo la impresión de que esta mañana voy a inventar algo y… lo voy a llamar Internet…” El caso es que ya existe (por si alguien aún no lo sabía) y ahora la pregunta no es si habría que inventarla sino: ¿Qué ocurriría si desapareciese”. Parece una “boutade” pero puede entrar entre las probabilidades. También desparecieron los dinosaurios, y cuando esa misma pregunta se la hicieron a un tironosaurio rex de 6 toneladas y media que acampaba a las afueras de Sausalito dijo lo mismo. “¿Desaparecer los dinosaurios? Imposible.” Y ahora sus restos se exponen en todo su esplendor en el Museo de la Academia de las Ciencias California. Lo mismo pensaban los sufridos esclavos del Imperio Romano, los tenderos de Bizancio, los barrenderos municipales de la Atlántida y el calvo del anuncio de la lotería de Navidad.

Daniel_DennettLa pregunta no se le ha ocurrido a un humilde sastre en el autobús de las 7 y media yendo a trabajar (aunque hubiera sido posible), sino a un filósofo estadounidense de blancas barbas –Daniel Dennett– quien vestido de rojo y blanco bien podría hacerse pasar por Papa Noel a las puertas del Macy’s de Nueva York. En declaraciones recientes a un periódico nacional, este sabio catedrático tan sólo ha vaticinado desde Vancouver que “Internet se vendrá abajo y viviremos oleadas de pánico” (El País, 25 de marzo). Sus razones tendrá para llegar a esas conclusiones, que no parecen resultado de una mala digestión nocturna de un chuletón de Ávila con patatas panadera. Este hombre sabio lanzó esta contundente frase en el marco de su charla en las conferencias TED (Technology, Entertainment, Design), pero tras lanzar la piedra no echó a correr, sino que pasó a explicar el por qué de su ingeniosa y dramática conclusión (“Desde la invención de la agricultura, hace 10.000 años, la cultura ha evolucionado de un modo puramente darwiniano pero la llegada de la tecnología ha acelerado ese proceso hasta un punto impredecible. ¿Quién compra música ahora? ¿Y libros?), criticando además nuestra excesiva dependencia de Internet y proponiendo la necesidad de buscar una alternativa, que bien podría apoyarse en todo el tejido social que la Red de Redes ha dinamitado.Ahora bien, aclaró que bien podría existir un 20% de probabilidades de que estuviera equivocado.

¿Alguien podría ahora imaginarse un mundo sin Internet? En vez de chatear, sacaríamos las sillas de enea a las puertas de casa y contemplaríamos las estrellas del cielo con nuestros propios ojos (y no a través de la web del Instituto de Astrofísica de Canarias). Podríamos disfrutar de mayor anonimato pues nuestros rostros, nuestros excesos alcohólicos en las fiestas, nuestro hobbies y nuestras manías no estarían expuestas a los cuatro vientos en Facebook y compañía. Volveríamos a escribir más cartas a mano (incluso compraríamos sellos para mandarlas) y recuperaríamos aquello del  “espero que al recibo de ésta os encontréis bien”. Recuperaríamos el valor de los fondos impresos de nuestras bibliotecas, que duermen el sueño de los justos esperando, tarde o temprano, un aciago destino en la trituradora de papel o en el carrito del trapero de la esquina. Tendríamos que volver a fotocopiar y fotocopiar decenas de artículos cada día para solventar el préstamo interbibliotecario. Y acudiríamos más al cine, al teatro o a los estadios de fútbol, en vez de ver tanta película y leer tanto libro en plan pirata. Ya no podríamos contemplar las tonterías que nuestros peques hacen en la guardería mediante la oportuna webcam. Y, a falta de “esquipe”, tendríamos que viajar a Varsovia, Frankfurt o Rotterdam para ver cómo les va a nuestros vástagos su “Erasmus” que tanto nos cuesta financiar. Y esta entrada tendría que imprimirla treinta o cuarenta veces y repartirla por las calles a falta de wordpress para difundirla.

Como contestaba aquel, si no existiera Internet habría que inventarla. Y el día que Internet se caiga, será mejor coger un bañador e irse unos días a la playa a relejarse. Se cierra la biblioteca por inventario y a esperar pues, tarde o temprano, algunos de los ingeniosos cerebros que todavía le quedan a este mundo se inventarán algo similar o diferente, que nos permita hacer de todo a través de una ventana. Como Dios.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)  

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Una respuesta a Ayer los dinosaurios, mañana Internet

  1. Sol Elarien dijo:

    Lo que más echaría de menos serían mis blogs favoritos, lo demás es cuestión de trabajo de investigación del de toda la vida: consultar libros, bibliotecas y estudiar.
    Besos: Sol.

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