Oficialmente abiertos

abierto1Desde la triple B (Budapest-Berlín-Bethesda), la palabra “abierto” tiene en el ámbito de la documentación alguna acepción más que las que la Real Academia de la Lengua nos ofrece en su Diccionario. Abierto, en las bibliotecas, puede sonarnos, como dice la RAE, a “desembarazo, llano, raso, dilatado”, pero también a “no murado, no cercado”. No obstante, cuando hablamos de “abierto” más bien nuestra mente asocia este término con el adjetivo “libre”, no sabemos si por resabios del triple lema de la Revolución Francesa o por oscuros recuerdos de aquel otro triple lema del nacionalcatolicismo más rancio.

De una u otra forma, hemos ido entendiendo que “abierto” significa no ponerle vallas al campo, que podemos entrar, consultar y descargar, eso sí, sin desparramar. Para evitar este libre albedrío del “free” nacieron algunas normativas, como las “Creative Commons”, con sus etiquetas de adscripción cual puzzles del lego que yo me construyo según quiero que me lean, me consulten, me imiten o me reelaboren. Con el acceso abierto nos hemos hecho muy amigos de nuevos recursos como las revistas “open access” (BiomedCentral, PLOS…) y los repositorios (PubMedCentral, Scielo, Dialnet, Recolecta…), palabra ésta fea en sus orígenes, pero que se ha domeñado en nuestros oídos y ahora suena luminosa, asociada al adjetivo “institucional”: repositorios nacionales, universitarios, regionales, de salud, hospitalarios… Repositorios con los que preservar (aunque sea sólo para los miembros de la propia institución) el acervo cultural de la misma.

A la chita callando, algunas instituciones, la mayoría oficiales y sin denominación expresa de “acceso abierto”, han ido sembrando por la Red sus publicaciones para su conocimiento y difusión. Unas veces se encuentra uno con ellas de sopetón, mientras está intentando localizar un determinado libro, y al encontrarlo da con el filón donde se cobijan no sólo el libro perdido y encontrado, sino muchos otros de sus congéneres. Otras veces, en nuestros caminares por las páginas oficiales, damos con apartados y secciones que responden a la habitual denominación de “Publicaciones”. Podemos encontrar especímenes de esta naturaleza a decenas, a cientos, en las páginas de las Consejerías de Sanidad de comunidades como Madrid, Galicia, País Vasco, Navarra, Extremadura, Andalucía, Murcia, Canarias, Baleares (algunas en proceso de renovación como Cataluña)…

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…. pero también a través de sus bibliotecas virtuales, como en  Castilla y León.

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Si saltamos del ámbito regional al nacional, podemos entretenernos varios días y semanas leyendo y leyendo a través de las publicaciones que nos ofrecen instituciones y organismos como el Ministerio de Sanidad o el Instituto de Salud Carlos III (a las que habría que sumar las de las distintas Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias, reorganizadas a través de su recientemente creada Red). Fuera del ámbito de la salud la relación roza el infinito y más allá, tanto al sur de los Pirineos (Defensor del Pueblo, Ministerio de Trabajo, Ministerio de Economía, Ministerio de Administraciones Públicas, INE…).

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… como allende estas montañas (Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud, Naciones Unidas, Banco Mundial, National Institutes of Health… y maravillosos servicios de publicaciones británicos como Her Majesty’s Stationery Office  o el Department of Health).

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En unas, encontramos buscadores por direcciones generales; en otras, buscadores generales (sin direcciones); en muchas. imágenes de las portadas de los libros (y tras ellas, como en un jubiloso juego, los textos completos en sus perfectos pdfs); en algunas, también folletos y carteles; en otras ocasiones, publicaciones periódicas (boletines informativos, memorias trimestrales, estadísticas mensuales, boletines epidemiológicos…) y anuarios; en todas, los registros bibliográficas y el acceso libre, abierto… a una información oficiosamente oficial que se presenta así, a ciudadanos y profesionales, de una forma democrática (al menos para los que tengan acceso a Internet), para regocijo del buscador que busca y del lector que necesita datos: informaciones de salud pública y de gestión, simples bibliografías, imágenes, tablas o gráficos escondidos entre las páginas pares y las impares.

Ya sólo nos falta un Catálogo Transcolectivo (sumatorio de muchos catálogos colectivos necesitados de hermanamiento, como las ciudades-patrimonio) o un Rebuscador, que rastree, localice y muestre las publicaciones oficiales escondidas por rincones, vericuetos, pestañas y secciones de nuestras administraciones públicas, que por una vez son tan modernas como las que más.

Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista

 

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