El tatarabuelo de Sinuhé

sinuheLa egiptología y la arqueología nos han deparado grandes alegrías a la humanidad (la mayor de ellas el descubrimiento de la tumba del joven Tutankamón) y nos han permitido reconstruir, aunque sea parcialmente, las costumbres, estilos de vida, conocimientos, actividades y quehaceres de una cultura milenaria que, desarrollada a lo largo de los cauces del Nilo, a todos nos sigue atrayendo por sus halos de misterio.

Esta semana la prensa nos ha traído uno de estos periódicos descubrimientos, el de la tumba del médico Shepseskaf Ang, que al parecer fue el jefe del equipo médico habitual de los faraones de la V dinastía, hace tanto como unos 4.000 años. Y a tenor de las dimensiones y características de la tumba debió de ser un médico afamado y de prestigio.  Ya conocíamos por la literatura, a través del escritor finlandés Mika Waltari, cómo vivía y cómo trabajaba un médico en el antiguo Egipto. Y el cine nos devolvió en carne y hueso este personaje (Sinuhé el egipcio) y otros muchos (Tierra de faraones, Faraón, Los Diez Mandamioentos, Ágora…). Ahora, un equipo de arqueólogos checos, que trabaja desde el año 1976 en la necrópolis de Abu Sir, en las afueras del Cairo, donde fueron enterrados algunos de los principales próceres de la patria, nos desvelará cómo podría haber sido la existencia de este médico, a través de los objetos y obras excavadas y extraídas de su tumba. Según se vayan adentrando en el patio y en las ocho cámaras que configuraban esta tumba, podremos ir conociendo de utensilios médicos, de papiros, de inscripciones y de jeroglíficos, con los que reconstruir una vida ejemplar dedicada a la medicina de alto nivel.

Muchas son las preguntas que nos contestará la arqueología, siempre y cuando la tumba no haya sido expoliada de cabo a rabo. ¿Utilizaba este afamado médico los papiros Ebers y Edwin? ¿Los citaba en los propios papiros que redactaba como insigne doctor? ¿Cuántas veces a la semana consultaba el Harrison o el Sobota? ¿Publicaba periódicamente artículos en una revista con impacto como era en su tiempo el Journal of the Egyptian Medical Association? ¿Asistía a congresos médicos en Tebas, Alejandría, Babilonia o Jericó? ¿Realizaba trepanaciones al buen tuntún o se basaba en antiguas revisiones sistemáticas y guías de práctica clínica escritas por los médicos de la II y III dinastías? ¿Cómo buscaba la información si no tenía PubMed? Es de esperar que, poco a poco, la prensa, la televisión y revistas como Nature o Science se vayan haciendo eco de estas preguntas y desvelándonos sus respuestas.

De momento, tenemos un pequeño avance. Driblando los férreos controles del Ministerio de Antigüedades Egipcias, un médico de Algete que acaba de llegar de aquellas lejanas tierras, participante en el LVI Congreso de Internistas Embalsamadores de Abú Simbel, nos ha hecho partícipes a un grupo de bibliotecarios de un conjunto de fotografías  tomadas de “estrangis” con el móvil. En ellas, podrán conocer los lectores de este blog, en primicia,  algunos de los misterios que en torno a la medicina y a los recursos de información encierra la tumba de este galeno (¿o habría que decir de este sinuhé?).

Los primeros hallazgos nos permiten aventurar que eso de las listas de espera (Fresco nº 1) no es un invento (o un fracaso) de los políticos de la Comunidad de Madrid, sino que ya en el Antiguo Egipto los sufridos ciudadanos también esperaban largas colas para que el médico de turno les atendiera a su debido tiempo. Si bien, a diferencia de nuestros antepasados del Nilo, ya no tenemos que ir a la consulta con presentes como antílopes ni llegar a lomos de borricos (o, al menos, de momento, hasta que no privaticen los transportes públicos).

Fresco nº 1

Fresco nº 1

A falta de espantoso hilo musical en las salas de espera (con música “chill out” adormilante incluida), parece interpretarse por las pinturas que los pacientes que esperaban pacientemente su turno (Fresco nº 2) contaban con acompañamiento musical en vivo y en directo. Lo que aún no han mostrado las excavaciones es si los propios pacientes podían proponer canciones a los grupos musicales y si tenían que pagar por recibir semejante tabarra (al modo del cánon de las teles de las habitaciones hospitalarias) cada vez que el grupo musical interpretaba el último “hit parade” de la temporada o la última canción del Georgie Dann de turno.

Fresco nº 2

Fresco nº 2

Al carecer de informática, y pese al desarrollo de la civilización egipcia (sin parangón en su entorno), el sistema de ordenamiento de pacientes parecía ser algo caótico, pues algunos de los frescos de la tumba  parecen hablar (Frescos nº 3 y 4) de frecuentes enfrentamientos y discusiones entre pacientes y familiares por aquello de que éste se ha colado, éste viene enchufado o aquel señor clavo no me ha dado la vez.

Fresco nº 3

Fresco nº 3

resco nº 4

Fresco nº 4

Enm cambio, los expertos no se ponen de acuerdo acerca del verdadero significado de la siguiente pintura (Fresco nº 5). Hay quien opina (expertos del Instituto Alemán de Arqueología de Berlín) que se trata del mancebo del médico preparando ungüentos y productos de farmacopea para aplicar a algunos de los enfermos. Sin embargo, si aceptamos las tesis del doctor Ephrain Jones, de la Universidad de Topkapi, podría tratarse de uno de los administrativos del médico llamando a consulta a un paciente mediante un rústico altavoz, al mismo tiempo que acompaña dicho llamamiento con unos repetitivos golpes de tambor (al modo de nuestros sofisticados y agudos “dindongs” propios de la megafonía de las salas de consulta).

Fresco nº 5

Fresco nº 5

Pero lo que más ha llamado la atención de los arqueólogos (y cuyas conclusiones preliminares van a presentarse en el XXII Congreso Internacional de Arqueología Bibliotecaria, a celebrar en Agrigento en abril del 2014) es la presencia de seis esculturas en línea de escribas, de gran parecido con el afamado funcionario sentado del Museo del Louvre.

ESCRIBAS1

La presencia de estas figuras no sería extraña, considerando el rango del médico enterrado en la tumba y teniendo en cuenta la presencia frecuente de estos escribanos en la vida diaria de los altos mandatarios del Antiguo Egipto. Es más, en el dintel de la sala donde han sido hallados se ha encontrado la siguiente inscripción,

JEROG1

qee podría aludir a la existencia, en el entorno cercano de este afamado médico, de un grupo de escribas o de una escuela, dedicada a la escritura medica científica. ¿Por qué no? Lo que podría considerarse, con cierto recelo, como un antecedente remoto de la célebre biblioteca de Alejandría o como el embrión de la primera editorial médica, destyinada a producir papiros médicos con impacto como churros.

Sin  embargo, lo que más ha llamado la atención de algunos expertos (sobre todo los que tienen cierta formación bibliotecaria), han sido dos inscripciones que acompañan alternativamente el basamento de las seis figuras. En una de ellas puede leerse:

JEROG2

lo que, traducido del jeroglífico al alfabeto latino, si la piedra de Rosetta no miente, significaría = MESH. ¿Una casualidad? ¿Pura majadería?

Es más, en la segunda, y supuestamente complementaria, puede leerse:

JEROG3

lo que, de nuevo, y salvadas las distancias y problemas idiomática,s podría traducirse como “Index Medicus”. ¿Nueva coincidencia? ¿Una superchería propia de un grafitero de Bethesda?

Aún hay más, la primera inscripción aparece repetida en el papiro que sostiene entre sus manos la quinta figura, que bien puidiera haber estado escrita en el resto, pero el paso del tiempo ha borrado sus huellas.

ESCRIBAS2

Sin aventurar enloquecidas interpretaciones, y dado que se trababa de un médico de alto copete, no sería extraño dilucidar que el buen sinuhué contaba con todo un equipo de escribas encargado de la búsqueda, selección, copia y difusión de papìros científicos. Si eso fuera cierto, y fueran verdaderos los jeroglíficos, habría que reescribir la historia de la biblioteconomía y retrotraer los orígenes de la NLM no al siglo XIX sino a tiempos anteriores a Cristo. A no ser que todo ello no sea más que una broma de un arqueólógo biblbiotecario, al modo del astronauta de la catedral nueva de Salamanca. Estaremos atentos al TV History Channel, a Nature y al boletín de la NLM.

ASTRO

Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista

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4 respuestas a El tatarabuelo de Sinuhé

  1. Saludteca dijo:

    Lo primero ¿qué cenas para estar tan inspirado ? y lo segundo la suerte que tengo de ser lectora de este y otros bloigs que escribes para leer y disfrutar en primicia de tus geniales entradas 🙂

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