A sus puestos

estrellaPeriódicamente nos asaltan desde diferentes medios de comunicación y de información relaciones y ordenaciones de todo tipo ycondición. Como ya decíamos también hace unos meses en estas mismas páginas, nos pasamos la vida confeccionando y leyendo y releyendo ránkings para encontrar nuestro sitito en el mundo (y entusiasmarnos o deprimirnos según encoentremos nuestro sitio más cerca de los altares o próximo alas simas abisales). La semana pasada, nuestra compañera Teresa García Ballesteros nos ha recordado a todos, desbrozando la información aparecida en el SIR World Report 2013 (con datos de 2007 a 2011), donde se encuentran nuestros centros (al menos los de quienes trabajamos en bibliotecas de hospital). A partir de los datos de este informe ha ido confeccionando tablas y gráficos para que cada cual se busque y se encuentre (y contemple la botella medio vacía o medio llena, según tenga el día y los biorritmos), que expone con claridad y sencillez en su entrada del blog “La investigación en los hospitales españoles según el SIR World Report 2013”.

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Como todas relaciones, pódiums y listas no deja de ser un indicador más o menos arbitrario que nos permite ordenar el caos diario pero que refleja, con cierto verismo, la idea que cada uno se hace su mundo, de ahí que no haya grandes sorpresas cuando en estas listas que nos presenta descubrimos en las altas cotas del poder los nombres de los centros sanitarios que a todos se nos ocurriría nombrar si tuviéramos que deletrear de memoria una relación de centros donde nos gustaría trabajar, con los que nos gustaría colaborar o que desearíamos tener en frente de casa para pasar a saludar. Pero además es bueno y saludable que estas relaciones respondan a parámetros objetivos y no a apreciaciones, sensaciones y opiniones más o menos personales o sesgadas.

Por fin, gracias a este informe (y a otros similares que han ido apareciendo años atrás) tenemos una lista de honores y horrores patrios, que permitirá a nuestros próceres repartir medallas y capones según vean que el ránking responde o no a sus expectativas, a sus financiaciones, a sus inversiones y a sus ideales. Comenta (o quizás se lamenta) nuestra compañera que, a falta de tortas, no existe en el caso de los hospitales otra forma de relacionar el número de publicaciones con el tamaño del centro que a través de un indicador  hospitalario tan antiguo como el número de camas. Es un tanto descorazonador que en pleno siglo XXI y con el supuesto avance que hemos ido consiguiendo en los sistemas de información, no existan públicamente expuestos diferentes parámetros de la actividad hospitalaria del conjunto de nuestros centros sanitarios que nos permitieran poner en juego y en relación la productividad científica con la correspondiente actividad asistencial (y no sólo con el número de camas, muchas de las cuales pueden ya estar vacías, desvencijadas y sin somieres.)

Cuán ideal sería que, a partir de la información que nuestra compañera ha “puesto en limpio”, pudiéramos cruzar la producción científica con el número de ensayos clínicos en los que participa un hospital, o con datos de sus listas de espera, o con información de su morbimortalidad, o con el número de investigadores y docentes, o con los presupuestos anuales del centro, o con el número de sus intervenciones quirúrgicas o sus consultas especializadas. Pues, aunque no lo parezca, estas relaciones también podrían poner en evidencia el papel de la biblioteca (virtual o presencial) en el centro. Pues nuestro granito de arena ponemos para ayudar a nuestros profesionales a encontrar la información que van a emplear en su publicación, publicación que va a contribuir al enriquecimiento personal y profesional y al enriquecimiento asistencial, docente e investigador del centro. Ello nos permitiría redescubrir la retroalimentación mutua con cierta objetividad, pues a nadie se nos escapa, sin ser unos lumbreras, que una mayor productividad científica (y un mayor conocimiento) ha de redundar a corto, medio y largo plazo en unos mejores  resultados en salud, y en una mayor satisfacción de pacientes y profesionales; y, en consecuencia, unos mejores valores sanitarios reclamarán con mayor facilidad recursos humanos y económicos que permitan seguir alimentando la rueda imparable de la producción científica. ¿O es ficticia la situación del Clinic en el primer lugar de este ránking como es una falacia la situación privilegiada en la WOK de centros como la Clínica Mayo, el Brigham de Boston y el Hospital General de Massachusetts?

Mucho nos queda hasta llegar al famoso top ten de los hospitales norteamericanos (Best

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Hospitals), pero se hace camino al andar y en un futuro cercano sería deseable encontrar en alguna página web oficial y pública la información transparente de nuestros hospitales, de nuestros consejerías y de nuestros ministerios. Así, al menos, no seguiríamos relacionando únicamente la productividad de nuestros profesionales con los bienes muebles…porque, ¿cómo relacionar la producción científica de primaria donde sólo tienen una cama por consulta? ¿Con las sillas de las salas de espera?

Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista

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