Revistas de atrezzo

truman_showNunca podían imaginar los que inventaron el Journal des Sçavans (que nombre tan apropiado) a mediados del XVII que 400 años después habrían seguido su ejemplo no cientos, sino miles de publicaciones, en lo que los expertos han llamado “explosión de la información”. Explosión que a las bibliotecarias nos ha dejado sin sitio en nuestras salas y nos ha obligado  a apilar en almacenes lejanos y cuasi clausurados nuestros fondos más antiguos. Explosión que no comprenden algunos gestores, pues no entienden por qué tenemos que suscribir cinco revistas de alergia, 10 de interna y cuatro de reuma si con una (o dos, una en inglés y otra en castellano) por cada especialidad habría más que suficiente. Explosión que permite elegir a nuestros usuarios dónde publicar sus resultados (unos donde quieren, y otros donde pueden). Explosión que ha supuesto a los editores una oportunidad de oro para mantener su volumen de negocio sin gastarse ya ni un euro en imprimir papel (quién se lo iba a decir a los del Journal des Sçavans). Pero explosión que nos permite leer y leer muchas, pero que muchas revistas.

Más de treinta mil títulos recoge la base de datos de revistas del NCBI  consultable desde PubMed. En esa inmensidad de letras e imágenes, de introducciones y conclusiones, de resultados, de mieles y triunfos y de sinsabores, hay publicaciones de todo tipo y condición.

Hay revistas de calidad, con alto factor de impacto y repercusiones mediáticas. Lo que aparece en el New England, en BMJ, en Nature, en Lancet o en el JAMA, por citar algunas de las más representativas, enseguida aparece reflejado en los medios de comunicación. Lo cual redunda en el ya consolidado status de estas publicaciones

Hay revistas para cada especialidad, para cada disciplina, para cada tecnología, y para cada profesional, desde las que se podrían considerar más necesarias y lógicas en su existencia, a algunas un tanto peregrinas, pero que también tienen derecho a la existerncia.

Hay revistas en inglés (journals, reviews, annals), que son la inmensísima mayoría, como antes lo fueron las publicadas en francés (revues) o alemán (zeischrift, zentralblatt) y algunas centenares sólo en castellano (pese a que lo hablamos o chapurreamos tantos millones de hispanoblantes).

Hay revistas para publicar los resultados de la ciencia, las hay de divulgación, las hay para contener publicidad, las hay para publicar a los amigos, las hay para contentar a los laboratorios, las hay fantasmas, las hay de pacotilla, las hay invisibles y las hay de atrezzo. Y cuando hablamos de atrezzo no nos referimos a las revistas que podemos ver, hechas en escayola o papel maché, en las estanterías de IKEA o de cualquier establecimiento de venta de muebles, haciendo juego con el tapizado del sofá o las sillas del salón. Cuando hablamos de atrezzo hablamos de cine, de televisión o de teatro, de esas revistas que, como en la consulta del dentista o del médico privado, ayudan a dar ambiente. Como ayudan a dar ambiente los decorados de cartón piedra, los árboles de plástico, los fruteros de escayola, la lluvia artificial y el hielo seco con sus neblinas londinenses.

Un médico, en el cine, hace que hace todo lo que hace un médico real: diagnostica, corta, cierra, pregunta, aconsela y lee. ¿Cómo no va a leer una revista científica un médico de una película o de una serie de televisión? Entonces no sería un médico. ¿Y qué leen los médicos de las series y las películas?, se preguntan guionistas, directores, escenógrafos y directores de arte. Si las revistas, por prescripción facultativa, no pueden sacarse de una biblioteca para evitar pérdidas irremediables; si una suscripción a una revista de impacto no es precisamente barata; y si siempre puede aparecer el pejiguero listillo encontrando el fallo de guión o de ambientación (“ese New England que aparece en la secuencia del quirófano del episodio 22 no es de 1978 sino del 3 de diciembre de 1956)… no hay mejor solución que las revistas de atrezzo, sin ISSN, sin periodicidad, sin comités editoriales y sin peer review. Todo un sueño para los fans del libre albedrío. ¿O alguien ha visto a Meredith Grey leyendo un Lancet real en algunos de los episodios de la serie que lleva su nombre? Sin poner la mano en fuego, juraría que no.

Pero sí que hemos visto a Derek (Patrick Dempsey) leer en la cama un número del “American Therapeutic Review” (capítulo 4 de la 5ª)…

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…o mostrar la portada de la revista que ha publicado su trabajo sobre el método Shepherd, el “Annals of American Neurosurgery” (capítulo 5º de la 5ª).

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O hemos escuchado (en el 5º capítulo de la 3ª) cómo Lexie (Chyler Leigh) había leído un artículo interesante en el “British Journal of Otorhinolaryngology”.

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¿Alguien ha encontrado en PubMed, en Google o en Locator Plus estas revistas científicas? ¿Alguien ha enviado a sus comités editoriales un artículo para su publicación? Es más, ¿alguien ha leído alguno de sus artículos? Lo dicho, revistas de atrezzo, invisibles, de pacotilla. La mejor solución para engordar la bibliografía de uno y su CVN. ¿Quién le puede decir al doctor Shepherd que no es cierto que hayan hablado de él en el “Annals of American Neurosurgery? ¿Y quién puede asegurar que esa revista no existe al cien por cien si la han visto millones de personas a través de la pantalla de televisión? Si es verdad que Chanquete murió al final de “Verano Azul”, que a JR le pegaron un tiro, que Castle descifra lo indescifrable, que los doctores de Big Bang son unos frikkies, que hay chicas guapas que buscan sexo en Nueva York, una central nuclear en Springfield, un grupo de lunáticos perdidos en una isla o mujeres desesperadas en una urbanización norteamericana, ¿por qué no va a existir el “American Therapeutic Review”? Son ganas de ser como santo Tomás. El problema vendrá cuando empiecen a padirnos a través del servicio de préstamo artículos de atrezzo… ¿Y si todo fuera una impostura -pregunte usted a Truman- y el New Englñand, el BMj y todas sus adláteres fueran una trangallada y las únicas revistas reales fueran el “Annals of American Neurosurgery” o el “American Therapeutic Review”?

(José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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Una respuesta a Revistas de atrezzo

  1. Elarien dijo:

    Hola José Manuel:
    Al igual que sucede con las revistas la realidad del hospital no se aleja demasiado de la que se muestra en las series de ficción. Durante la residencia los días se pasan allí encerrada y al final las relaciones no se limitan al ámbito profesional. Para llevarlo todo a la pantalla sólo se necesitan actores atractivos y revistas atractivas (con el Dr. Sepherd en la portada) para conseguir audiencia.
    Besos: Sol

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