Donde leen los humanos…(primera parte)

un-lugar-donde-refugiarseUn placer como el de la lectura requiere de toda una parafernalia para que su disfrute sea mayor: un buen libro, una buena disposición, tranquilidad y nuestro rincón preferido (la hamaca del porche o una piedra del acantilado). Bien es cierto que se puede leer (o intentarlo) en el metro apretujado como una sardina, o en la cola del supermercado, mientras esperamos a que nos cobren por embolsar nosotros mismos (y a toda pastilla) nuestra propia compra. O en el maletero abierto de un coche, o encaramados a la rama de un árbol, o en los escalones soleados de la entrada de casa, o en el banco de madera de un parque en primavera, o debajo de la cama. Cada uno tenemos nuestro rincón preferido, nuestro lugar escogido para leer con deleite nuestro libro seleccionado (impreso o electrónico). A unos les da por hacerlo paseando, por las alamedas  o junto a la orilla del mar; a otros, como a los personajes de Friedrich, mirando el inmenso atardecer; hay quienes se decantan por el balcón de su séptimo piso, o por un alféizar, o por sentarse en el verde prado; los hay, como las figuras de Vermeer, que prefieren hacerlo junto a una ventana inundada de luz…  Todos, todos ellos, comparten lo que pensaba y decía la poetisa británica victoriana  Elizabeth Barrett Browning: “Sentarse tranquilamente bajo la luz de una lámpara con un libro abierto entre las manos, y conversar íntimamente con los hombres de otras generaciones, es un placer que traspasa los límites de lo imaginable”. 

Hay a quien le gusta leer de pie (y vestido de etiqueta para la ocasión), por aquello de la elegancia, de la prestancia y del saber estar, y sobre todo para que le vean mejor (y le oigan) los de la última fila (si es que lee uno ante un público, porque si lo hace a solas le tacharán de lunático); no obstante, esto de leer hierático, según los médicos, ni es bueno para la circulación ni lo es para la espalda, y hasta puede devenir en una completa tortura  si de lo que se trata es de leer de pie, de cabo a rabo y sin descansar, las obras completas de Benito Pérez Galdós o los dos libros de “El Quijote”, por muy entusiasta que uno sea de estas obras.

Una vieja costumbre ésa de leer de pie (Antonio Mª Esquivel. Una lectura de Zorrilla (1846). Museo Nacional del Prado

Una vieja costumbre ésa de leer de pie (Antonio Mª Esquivel. Una lectura de Zorrilla (1846). Museo Nacional del Prado

joyceA otros grandes escritores, como Joyce, el del “Ulises”, aunque fue todo un renovador de la literatura, le gustaba más bien lo tradicional: un sillón de orejas, y leer reposado y rodeado de libros, entre los que escoger uno u otro según el ánimo del día.  En sus últimos años de vida lo tuvo que hacer ayudado, por sus problemas de visión, de un invento propio de detectives y filatélicos. No cesaba en sus lecturas, como tampoco lo hizo con su escritura,  cautivándonos para que otros, también con sillón orejero o no, siguiéramos con interés los pasos de sus personajes: “He puesto muchos laberintos y enigmas que mantendrán ocupados durante siglos a los profesores discutiendo sobre lo que yo quería decir. Es la única manera de lograr la inmortalidad.”

A otros, como Orson Welles, Faulkner (al que tanto se elogiaba en “Amanece que no es poco”) o incluso Epi y Blas, eso de la comodidad a la hora de leer… les iba y mucho.

tres1

bbA otras, como la actriz francesa Brigitte Bardot, no se sabe si por exigencias del guión (“El desprecio” de Godard) o no, les iba más lo de leer en la bañera. Un lugar incómodo éste (pero calentito) donde los haya si no se cuenta con una buena almohada, donde el mayor aliciente es acabar la lectura antes de que el agua se enfríe o se le queden a uno los dedos de los pies como uvas pasas; y el mayor peligro añadido es que se sumerja nuestro ebook en el fondo y pase a mejor vida si caemos en los brazos de Morfeo (o de Michel Piccoli, que pasaba por allí).

El sitio habitual, por aquello de que hay donde elegir y porque abunda el silencio, es la biblioteca.  Podemos aprovechar sus salas de lectura, con sus mesas y sillas repletas de marilynlectores entusiastas o, si la necesidad nos apremia, incluso los mismos pasillos donde estanterías infinitas guardan el saber esperando nuestra llegada. No sabemos si porque quería ocultarse de molestos lectores o porque quería desmentir esa imagen de ingenua y poco ilustrada, que la prensa y algunos directores había difundido, el caso es que a Marilyn le gustaba aquello de leer de pie, y también como a Joyce, rodeada de libros por doquier. Puestos a escoger, hete aquí que selecciona uno de Arthur Miller, “El enemigo del pueblo”. Si no conocía aún al escritor, ¿el descubrimiento del libro le llevó a interesarse por su existencia? Si ya era su marido, ¿buscaba un tema sobre el que hablar por la noche al llegar a casa? ¿O todo no era más que una imagen promocional de una actriz deslumbrante leyendo al genio del teatro?

homerleyendoNo hay lugar y espacio en el mundo que más placer lleve asociado con la lectura que la cama, sea propia o sea ajena, sea sencilla, familiar o redonda. Bien para leer a nuestros peques un cuento y otro cuento y otro más poco antes de que se vayan a dormir (y así desterrar sus fantasmas y conseguir que éstos caigan rendidos entre los sonidos de palabras y palabras que hablan de princesas, lobos, caperucitas, enanitos, brujas y ogros….) o bien para conciliar uno mismo el sueño  en compañía de muchas letras, una tras otra…

unamunoO, sencillamente, repanchigados en la cama, abstraídos de tal forma en nuestra lectura, que ni chaqueta, ni zapatos… dejando la colcha hecha unos zorros.  Y la cosa parece ir para largo, por los tres o cuatro libros (y las gafas, para cuando llegue el cansancio) que esperan ser leídos de corrido por el ilustre Unamuno (si otros coetáneos suyos, como el nefasto general manco hubieran leído más, mejor les hubiera a nuestros abuelos).

Un estilo y una moda que a muchos otros mortales también ha cautivado. ¿Y a quién no? Mark Twain, Charles Chaplin, Sofía Loren…

tres2

Y si a todos nos da por leer, a los actores más que a nadie (en una escalera, en un salón, en el alféizar de una ventana o delante de un caballo). Quizás porque abundan sus tiempos muertos, entre toma y toma, o quizás porque sólo pueden asegurarse un buen futuro leyendo un guión tras otro para elegir el mejor papel de su vida, ése que les permitirá entrar en el Olimpo abrazados a un Óscar o a un Goya.

tres3

También, también los políticos leen (aunque algunos no admitan preguntas ni ruedas de prensa). Leen con aburrimiento los informes que sus asesores les han preparado, leen con desidia sus discrusos ante el parlamento, leen libros a los niños en sus visitas preceptivas a colegios infantiles (Obama), leen en familia (Lincoln) y leen por el placer de leer, como eruditos escritores que fueron (Azaña).

tres4

Si, pero ¿y los médicos? ¿Dónde leen los médicos? La semana que viene os lo diremos… porque leer, los médicos, leen mucho, mucho, mucho… y en cualquier sitio.

(José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Recursos de información y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Donde leen los humanos…(primera parte)

  1. Elarien dijo:

    Cualquier sitio es bueno para leer: el metro con el riesgo de saltarse una parada (pero merecerá la pena si el motivo es un buen libro que no puedes dejar ni por las escaleras), el sofá, la cama, las ramas (son más incómodas pero son un buen escondite cuando es preciso esconderse), de pie en un rincón de una biblioteca o de una tienda de libros y cualquier lugar del hospital es bueno para aprovechar los escasos momentos tranquilos de una guardia, sólo es preciso llevar un librito en el bolsillo.
    Besos: Sol

  2. Boni dijo:

    Efectívamente, cualquier sitio vale para leer, siempre que te dejen a gusto. Y hay veces que sólo puedes conseguir tranquilidad si la habitación en cuestión, aunque sea muy pequeña, cuenta con un buen pestillo.
    Claro que también es un placer leer en la pantalla del PC: ¡ya estoy deseando que cuelgues la segunda parte!

  3. Sugerente y hermoso, José Manuel. Esperamos ansiosos la próxima entrega…
    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s