Lexie for librarian

aiCuando en las primeras bibliotecas que en el mundo han sido su responsable debía de encontrar un libro, no tenía más que recurrir a su propia memoria e identificarlo entre los no más de cien ejemplares bajo su custodia, y que con toda lógica había leído uno tras otro no una sino mil veces. Esta bibliotecaria primigenia no era sólo capaz de encontrarle a su usuario, en menos de cinco minutos, el ejemplar que deseaba sino que además podía recitarle de memoria el Poema de Gilgamesh si el usuario no había sido precavido y no había huido antes poniendo pies en polvorosa.

Cuando a los humanos (sabia decisión) nos dio por escribir y escribir, la memoria de la bibliotecaria se quedó corta para almacenar tanta información y tuvo que recurrir a los inventarios (en tabletas de arcilla en las bibliotecas de Mesopotamia, y en papiro en las del Antiguo Egipto). Con el cambio e materiales, todo hay que decirlo, perdieron musculatura los bíceps de las bibliotecarias, pues no hay color entre subir a pulso desde los depósitos (y sin ascensor) veinte tabletas de arcilla o veinte papiros.

Como no podemos estarnos quietos (y no me refiero a las frecuentes migraciones del sur al norte, y del este al oeste, o viceversa), sino en la producción del conocimiento, los inventarios se convirtieron en índices (y hete aquí a dos frailes escribiendo con delectación toda una retahíla de libros prohibidos -que ríete de la lista de los reyes godos-, para que la Inquisición tuviera una excusa para achicharrar insumisos por la vía rápida). Y ya no digamos cuando, a partir del siglo XVII, a los científicos les dio por escribir eso que hemos llamado artículos una vez que inventaron el Journal des Savants. Lo dicho, ni todas las memorias juntas de las bibliotecarias de la Royal Academy eran suficientes para recordar dónde se había publicado un determinado artículo. Los estadounidenses, que en esto han sido unos espabilados, se pusieron a  idear y dieron con el “Index Medicus”, todo un invento para que los galenos e hipócrates más “escribidos” dieran en las narices a sus colegas haciéndoles ver lo que acababan de publicar. Inventaron luego MEDLINE (bendito invento) y, más tarde, PubMed (eso, sin hablar de los catálogos OPAC de libros). Con estos avances, para ser bibliotecarias ya no necesitamos memorizar ni siquiera dos bites (o bueno, dos sí, para recordar cómo manejar estas herramientas imprescindibles para encontrar veinte artículos sobre fibromialgia, un libro de gestión hospitalaria o el penúltimo artículo escrito por el jefe de servicio de cardiología).

Como ya no ejercitamos tanto la memoria (y más desde que los móviles nos han hecho prescindir del sano ejercicio mental de aprendernos los teléfonos de familiares y colegas, e incluido el nuestro propio) nos asombra que hayan existido bibliotecarios como Simonescu Romanescu (del que ya hablamos meses atrás), famoso por sus recitativos de corrido de los términos MeSH. O como Benedetta Belvedere, del nuevo Hospital de la Santa Croce, en Firenze, que adquirió la habilidad de memorizarse de pé a pá los domicilios de todos los usuarios de su servicio de préstamo; de tal forma que, cuando alguno de ellos se demoraba en su devolución, enviaba a su santo, Stefano Sforza, experto en lucha grecorromana. Ante las quejas de las autoridades académicas por estos métodos tan expeditivos, Benedetta optó por plantarse en el domicilio de los usuarios morosos (en lo que se conoce como uno de los primeros escraches de la historia bibliotecaria) y recitarles de memoria todos los versos de la Divina Comedia (lo que vino haciendo ininterrumpidamente entre el verano de 1947 y el otoño de 1965, poco antes de la fiesta de su jubilación, durante la cual, y para regocijo de sus compañeras, estuvo recitando una tras otra todas las alineaciones de la Juve desde su fundación).

Benedetta, recitando la “Divina Comedia” ante el domicilio del doctor Ludovico Istrione, que se negaba a devolver a la biblioteca las diez últimas ediciones del Guyton

Benedetta, recitando la “Divina Comedia” ante el domicilio del doctor Ludovico Istrione, que se negaba a devolver a la biblioteca las diez últimas ediciones del Guyton

Por eso nos maravilla, y simultáneamente nos entusiasma, encontrarnos también con profesionales sanitarios con parecidos poderes sobrenaturales a los de algunas de nuestras más insignes bibliotecarias, aunque sea en la ficción. Sin ir más lejos, en el tercer capítulo de la 5ª temporada (“Here comes the flood”), emitida entre septiembre de 2008 y mayo de 2009, de una serie muy querida en este blog, “Anatomía de Grey”,  Lexie (Chyler Leigh), la hermana pequeña de Meredith y residente de primer año en el Seattle Grace Hospital, nos dejó  a todos pasmados con su portentosa “memoria fotográfica”.  Uno de los casos que les ocupa en este episodio a los residentes es el de un paciente con tremendas y continuas jaquecas desde hace años y al que parece un poco complicado tratar mediante los medios quirúrgicos convencionales.

Lexie recuerda entonces al cirujano plástico Sloan (Eric Dane) que existe un artículo que les puede servir, y que ya había consultado mientras ayudaba a estudiar a George (T. R. Knight), el residente que suspendió su examen y está preparando su repesca. Cuando el doctor Sloan le pregunta dónde pueden localizarlo (¡qué preguntas!, en la biblioteca), Lexie, ni corta ni perezosa, le suelta de carrerilla que lo ha leído en un número del British Journal of Otorhinolaryngology (ojo! a la “libre” traducción de los subtítulos de la segunda imagen) , publicado en 1964, en el volumen 47, página 19 (una chocolatina para el que lo encuentre en PubMed en menos de cinco minutos). Ante tamaña demostración de inteligencia y memoria, otro interno, Alex (Justin Chambers), no puede sino aplicarle, con toda lógica y merecimiento, el apodo de “lexipedia”.

lexie1

lexie2

lexie3

Explicado brevemente el caso y recomendando a quienes no se crean esta extraordinaria manifestación memorística de un residente que vuelvan a revisar este capítulo en DVD o en Internet, nos preguntamos: ¿cómo no la han fichado, para además de médico trabajar, con su portentosa memoria fotográfica, como bibliotecaria del hospital? Bibliotecaria a la cual, y después de 80 capítulos, seguimos sin ver, ni en el ascensor ni siquiera en la cafetería. Eso sí que es una profesional (damos por hecho que es una mujer, ¿será eso cierto?) en toda regla, trabajando al pie del cañón y no entreteniéndose en cafelitos ni otras zarandajas. Puro servicio bibliotecario.

Ya nos gustaría, a los que al menos una vez en la vida hemos trabajado en bibliotecas de salud, tener semejante memoria fotográfica para tirar de ella cuando la red no funciona y cuando no podemos recurrir al comodín de PubMed para hacer una búsqueda. O cuando llevamos media hora, porque el ordenador anda un poco ocioso, buscando ese libro de gestión sanitaria que recordamos siempre ha estado en el tercer pasillo, segunda estantería, primer estante, letra WX150 según la clasificación de la NLM (y que resultaba se encontraba en el primer pasillo, segunda estantería y tercer estante, pero en la letra WA525). Como siempre, nuestra frecuentemente saturada memoria  nos juega pequeñas bromas. Ahora, gracias a esta carencia memorística nos damos buenos paseos por los salas de depósito arriba y abajo, abajo y arriba, ahorrándonos la hora de cinta o de steps en el gimnasio. ¿Quién no quiere en su equipo a una bibliotecaria como Lexie?

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Bibliotecas y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a Lexie for librarian

  1. Sol dijo:

    El más difícil todavía: un índice de blogs. ¿Alguien se atreve?

  2. Divertido y magnífico, José Manuel. Me encanta lo de los “bíceps de las bibliotecarias…”
    Saludos.

  3. Uxía dijo:

    Es curioso ( y una lástima, por el juego que te daría en tu blog ¡¡¡) que no salga en estas series americanas ninguna bibliotecaria. Con lo bien consideradas que están allí las bibliotecarias de ciencias de la salud ¡¡¡. Como siempre, me alegra el día con una sonrisa leer tus entradas.

  4. Pingback: Lo que nos deparó 2013 | Esto no es la biblioteca de Alejandría

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s