¿Leen más los residentes que los facultativos?

lectoraHace ya unos meses, en estas mismas páginas, nos preguntábamos dónde estaban las bibliotecas médicas en las series de televisión, que no se las veía por ninguna parte. Lo cierto es que dramática, cinematográfica y argumentalmente es mucho más atractiva una operación quirúrgica in extremis con los cirujanos interviniendo a vida o muerte (junto con un acompañamiento musical apropiado, primeros planos y montaje vertiginoso), que una sesión formativa de PubMed entre una bibliotecaria y un residente. Esa podría ser una primera respuesta. Otra puede ser una cuestión de atrezzo, aunque me da la impresión de que las bibliotecas cinematográficas no han de ser muy costosas (habría que preguntar al director artístico de “El nombre de la rosa”).

Después de revisar algunas imágenes de “House”, no dimos, en su momento, con ninguna biblioteca, a excepción de esa pequeña estantería a las espaldas del mismísimo House cuando éste se reunía con su equipo habitual. Poca cosa. Hasta que dimos con la razón de su inexistencia: ¿teniendo al doctor House y su saber enciclopédio para que necesita un hospital una biblioteca? Una inversión redundante.

Nos dimos entonces un garbeo por otras series como “Marcus Welby” o “Un médico precoz”, llegando a encontrar una biblioteca en un capítulo de inequívoco título, “The library”, de la serie protagonizada por la doctora Quinn. Pero se trataba de una biblioteca pública y no médica. Así que cambio de estrategia y a buscar en otros huertos, como “Anatomía de Grey”, una serie con muchos residentes y con muchos médicos en formación, necesitados de absorber como esponjas todo el acervo de su profesión. Y estrategia acertada, pues en el primer capítulo de la primera temporada (“A Hard Day’s Night”)… aquel en el que Meredith se levanta junto al facultativo Shepperd (tras haberle conocido en una noche de farra) la misma mañana en que comienza su residencia en el Seattle Grace Hospital… aquel en el que nos son presentados los principales personajes de una trama médica que lleva ya en antena nueve temporadas: Bailey, Alez, Izzie, Preston, George, Shepherd, Cristina y la mencionada Meredith…  ¡tachán, tachán!… aparece UNA biblioteca (bueno, al menos una sala con los fondos en estanterías, que ya es algo), a la que acuden Cristina y Meredith en busca de información para resolver el caso de una paciente que sufre convulsiones…

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…para lo cual consultan varias revistas científicas.

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Pero ni rastro de una bibliotecaria (¿Estaría reunida con el director de gestión tratando de las nuevas suscripciones?).

Hay más. No bibliotecas, ni bibliotecarias (vaya), pero sí médicos leyendo y buscando conocimientos (por cierto, siempre residentes). En el capítulo 4 de esta primera temporada (“No Mand’s Land”), vemos cómo Alex busca información, en la pequeña biblioteca del departamento de cirugía, sobre otro caso curioso y dramático: un paciente al que se la disparado en la cabeza una máquina de clavos.

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Mientras Shepherd se dispone a operar a este paciente, Alex le comenta que ha encontrado otros 23 casos anteriores, en los que la principal complicación fueron las infecciones, por lo que se recomienda que la intervención quirúrgica sea breve y sin hemorragias.

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Seguimos sin ver a la bibliotecaria (¿estaría dando un curso de formación?).

En el capítulo 8 (“Save Me”), Alex vuelve a esta misma mini-biblioteca en busca de información sobre válvulas bovinas para implantarlas en una joven paciente judía, que se niega a recibir en su deteriorado corazón el implante de una válvula porcina.

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¡Y lo encuentra sin necesidad de una bibliotecaria! (empiezo a pensar que la del Seattle Grace Hospital debe de estar de baja laboral).

Hete aquí que, en la segunda temporada, sí que encontramos una biblioteca, pero donde menos lo esperábamos. En casa del número uno de la cirugía, el doctor Preston Burke (capítulo 10, “Much too Much”). Cristina ha pasado su primera noche con este médico, éste ha marchado ya al hospital y ella, mientras se lava los dientes y cotillea al teléfono con su compi Meredith, va inspeccionando detenidamente la casa (“una casa tan limpia en la que se podría hasta hacer cirugía en ella”, comenta). La residente va observando (y nosotros con ella) lo meticuloso, ordenado y sistemático que es el facultativo… hasta que llega una estantería repleta de revistas y libros: ¡ordenada según la clasificación de Dewey!

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Ya sabemos por qué en el Seattle Grace Hospital no tienen bibliotecaria. A esto se le llama competencia desleal. O intrusismo.

Y seguimos sin bibliotecaria en el capítulo 11 de esta segunda temporada (“Owner of a Lonely Heart”), cuando el residente Alex aborda al facultativo Shepherd a la puerta del hospital tras haber cometido una grave negligencia que ha llevado a un paciente impertinente al otro barrio.

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Por lo que se desprende de esta secuencia, el residente sabe buscar información, encuentra lo más relevante, no cae en la vieja trampa del sesgo anglosajón (también lee revistas europeas), sintetiza la evidencia y obtiene sus propias conclusiones… Todo ello sin necesidad de una bibliotecaria (vamos, que estamos abocados al más crudo desempleo sin remisión).

O hablamos con el sindicato de Actores de los Estados Unidos para que incorporen en su décima temporada (mejor tarde que nunca) a una bibliotecaria para aumentar nuestra autoestima y para que los espectadores comprueben la eficacia, utilidad y buen hacer de una profesional (pero, por favor, que contraten a una actriz sin moño y sin gafas, a ser posible).

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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10 respuestas a ¿Leen más los residentes que los facultativos?

  1. Elarien dijo:

    Las bibliotecas hospitalarias son imprescindibles para los facultativos, que estarían perdidos sin un bibliotecario que les orientase y les enseñase dónde encontrar la información que buscan, y su espacio físico es necesario para los estudiantes. ¿Qué habría sido de mí si no hubiese tenido la de Puerta de Hierro en mi época de estudiante preparando el MIR? No sé si habría tenido la voluntad suficiente de pasarme el día estudiando mientras mis hermanos se lo pasaban en la piscina.

  2. Elena Primo dijo:

    Genial, y vaya trabajo de “documentación” 😉

  3. Verónica Juan dijo:

    Muy de acuerdo con los comentarios anteriores. Aporto uno más: en uno de los capítulos de Anatomía de Grey, aquel en el que llegan los residentes del otro hospital en el que se fusionan, Izzy le dice a su colega que si no “se porta bien” no le dará la clave de entrada a la biblioteca. Así es que estamos ante bibliotecas presenciales y bibliotecas virtuales….pero todas, sin bibliotecarios…. Hay qué ver!!! La buena noticia es que se considera la clave de entrada a la biblioteca como un bien muy preciado…. por consolarnos, digo!

    • candelacelia dijo:

      Y es un bien preciado. Quiero entender que como lo es, se sobreentiende, y por eso no tiene acto de presencia. Pero, ¡me encantaría conocer a la bibliotecaria (o bibliotecario) del Seattle Grace Hospital!

  4. eduardo dijo:

    como te lo curras, tu no ves series, la lees.

  5. Pingback: Lo que nos deparó 2013 | Esto no es la biblioteca de Alejandría

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