Al pan, pan y al vino, vino

Esta mediocridad que nos invade, el gusto por el mínimo esfuerzo y el culto a las apariencias han empobrecido nuestro lenguaje y su uso. ¿Dónde están aquellos “vivo sin vivir en mí”, “¿Qué es la vida?, un frenesí. ¿Qué es la vida?, una ilusión, una sombra, una ficción”, o aquel quevediano “es hielo abrasador, es fuego helado”? ¿Dónde están las metáforas, sinécdoques, paradojas, metonimias, hipérboles, anáforas, pleonasmos y epítetos de antaño? En su lugar, eufemismos, eufemismos y más eufemismos…, lo que en términos de la RAE no son sino “manifestaciones suaves o decorosas de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. En definitiva, términos con una soterrada carga negativa y peyorativa, ¿o es que utilizamos eufemismos cuando describimos a un tío bueno o a una tía buena? Para piropear no tiramos precisamente de eufemismos, sino para insultar escondiendo la cabeza.

¿No hemos acostumbrado nuestros oídos y nuestros ojos a términos tan ingeniosos como “daños colaterales”, “desaceleración”, “limpieza étnica”, “fuego amigo”…?  ¿Por qué hablamos de “falta de liquidez” y no de “ruina económica” ¿ De “tráfico de influencias” y no de “sobornos”? ¿De “devaluación competitiva de los salarios” y no de “bajada de sueldos”? Los políticos y su empobrecido y repetitivo lenguaje se han apoderado de nuestra vida cotidiana. Algunos incluso realizan espectaculares malabarismos dignos del Cirque du Soleil: por ejemplo, Sáenz de Santamaría cuando, para eludir la subida del IRPF, nos cuenta a los ciudadanos eso del “recargo temporal de la solidaridad”, o cuando Engracia Hidalgo, para maquillar las pésimas cifras del paro, nos dice aquello de que “estamos experimentando una desaceleración del crecimiento de desempleo”.

La vida en la ciudad, la posmodernidad, nuestras élites y hasta Internet (Internet conviene que tenga la culpa de todo, porque así descargamos responsabilidades) nos han acostumbrado a “reajustar precios”, “regular plantillas”, “crecimientos negativos”, “ceses temporales de convivencia”…  Por eso, cuando se cierra un edificio en la Gran Vía madrileña hablamos de “reorganización” y cuando se despide a más de 80 personas, de “expediente de regulación de empleo”.

ERE, ¡qué palabra tan sonora! , y simétrica, ¡todo un palíndromo! Mucho más rápido de pronunciar y escribir que aquello de “Dábale arroz a la loba el abad”. Es más educado, al parecer, decir que sdoy un ERE que decir “te doy una patada donde la espalda pierde su ilustre nombre (otro eufemismo). Hay quien dice que en un principio el ERE fue bautizado como IPC (“Irse a la Puta Calle”), pero ya existía un acrónimo similar en economía y al INE no le pareció buena idea. También se barajó en su momento un acrónimo similar: QSJ (¡Que se jodan!), pero éste ya estaba patentado por la Gran Familia, y podría haber problemas con la SGAE.

El caso es que como Godot, las hojas del otoño, el Gordo de Navidad y las primeras nieves, lo que tenía que llegar llegó y el ERE, o como se diga, de la Agencia Laín Entralgo fue entregado el 13 de noviembre, martes, en su sede de Gran Vía, a las 10,00 horas peninsulares, estando presentes la parte contratante de la primera parte (o sea, la Empresa – Consejería de Sanidad) y la parte contratante de la segunda parte (esto es, el Comité de Empresa o Representantes de los Trabajadores). No queda pues más que esperar a la responsabilidad y la buena disposición de ambas partes para que este “minuto” sea breve y se bajen las persianas con el máximo respeto y dignidad que diez años de trabajo dedicados a los profesionales sanitarios y no sanitarios de Madrid se merecen.

Y para finalizar, una primicia, obtenida cinco minutos antes de cerrar esta entrada del blog. Una instantánea de la entrega de dicho ERE que nos ha sido remitida por el Servicio de Prensa de la propia Agencia:

La parte contratante de la primera parte (en el centro, a la izquierda) hace entrega del ERE, en un pendrive, a la parte contratante de la segunda parte (en el centro, a la derecha)

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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5 respuestas a Al pan, pan y al vino, vino

  1. Elena Primo dijo:

    Cuando aparecio por primera vez la noticia en la prensa, no nos lo creiamos. Desde ese momento, no tuve palabras. Pero era verdad, y ahora llega con toda su crudeza y afectandonos a todos, a unos mas y a otros menos, pero a todos (usuarios, bibliotecarios de Madrid, de todo el pais). Solo nos queda apoyaros en todo lo que necesiteis y decir muy alto, ¡ lo que se pierde la sanidad española!

  2. Montaña dijo:

    ¡Trístemente magistral!

  3. Pepa dijo:

    Curioso, es la primera imagen que se me vino a la cabeza cuando supe lo del ERE de la Lain ENtralgo.
    Sólo que a diferencia de los vencidos, que pelearon hasta el final, su valentía fue reconocida por sus enemigos, y fueron tratados con respeto.
    Aquí, no ocurrió nada de eso

  4. Elarien dijo:

    La privatización de la Sanidad por un grupo con buenos contactos con el partido, que se enriquecerá a costa de los impuestos de los ciudadanos, se denomina “plan de sostenibilidad” ¡Es muy fuerte!

  5. Pingback: Año dos | Esto no es la biblioteca de Alejandría

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