Para récords… los de las bibliotecarias

Los noticieros audiovisuales y las portadas de los periódicos de medio mundo nos despertaron el lunes 15 de octubre con la hazaña del austriaco Felix Baumgartner y su salto estratosférico a más de 39 mil metros de altura, lo cual le ha permitido la consecución de varios récords inverosímiles y ese “minuto de gloria” warholiano (bueno, más bien fueron ocho hasta que tomó tierra). Pues bien, sin querer menospreciar para nada tamaña hazaña deportiva y física, que a buen seguro revolucionará el mundo aeroespacial en las próximas décadas, para hazañas hazañas…

Las televisiones del mundo entero se rindieron a la proeza de este austriaco

…las de nuestras compañeras bibliotecarias. Sin semejante impacto mediático, sin cámaras de televisión por medio ni bebidas gaseosas que financien sus trabajos, sin trajes aerodinámicos y con más moral que el alcoyano, los ejemplos que a continuación hemos rescatado del olvido, con sus récords también inverosímiles (pero plausibles), han contribuido, más que cualquier manual de biblioteconomía, al progreso de las bibliotecas y de la lectura a lo ancho de este mundo.

Nefertiti Rosetta, posando en plan glamouroso para el “Papyrus Cairo News”, rotativo que dio cuenta de su hazaña el mismísimo día siguiente


Uno. NEFERTITI ROSETTA
(2598-2501 a.C.), adjunta a la Real Biblioteca de Tebas y responsable de la Real Colección de Papiros Médicos del faraón Keops. A la muerte de éste, desplegó, leyó, clasificó, catalogó, enrolló, momificó y trasladó a la tumba secreta de este famoso faraón en su no menos famosa pirámide, en dos tardes y media y sin ayuda de ningún esclavo (estaban ocupados terminando la pirámide), los más de 2.300 documentos de Hesy-Ra, padre de la medicina en el Antiguo Egipto. Todo ello antes de que el sumo sacerdote y el escriba sentado sellaran definitivamente la tumba de este faraón con su momia y sus presentes para Amón-Ra dentro (cinco minutos después de que la propia Nefertiti, casi sin resuello, hubiera depositado allí el último papiro: Vamos que si se descuida no lo cuenta).

Dos. AFRODITA BIBLIODOPOULOS (510-470 a.c.), bibliotecaria becada en el ágora de Maratón, que recorrió los 240 kilómetros que separaban esta ciudad de Esparta corriendo detrás de Fidípides (el famoso héroe de Maratón) cuando éste se había olvidado la ficha de préstamo del “Hipocrates Compendia” en el mostrador de la biblioteca. Cuando llegó a Esparta derrengada y entregó el resguardo, debió de regresar a casa  a toda prisa, corriendo de nuevo, pues se había dejado las candelas de la biblioteca sin apagar. Y todo ello en la mitad de tiempo que Fidípides (ya se sabe, unos cardan la lana y otros se llevan la fama).

Afrodita Bibliodopoulos, con el pelo corto (y en primer plano) corriendo detrás de Fidípides, en compañía de varios lectores de la biblioteca

Superior: El emperador intenta calmar los ánimos de los aztecas, hartos de que los españoles entraran día sí y día también en la biblioteca sin hacer cola. Inferior: Imágenes de la cola de usuarios el primer día de la puesta en marcha del nuevo servicio de préstamo

Tres. MALINCHE ATAHUALPA TEZCATIPLOCA III (1501-1565), directora de la biblioteca del Gran Templo Sagrado de Tenochticlán (como lo habían sido su madre, su abuela, su bisabuela y así durante cuarenta generaciones). Nunca había tenido problemas en atender a todos sus usuarios (más de mil quinientos de promedio cada día, incluidos los festivos) hasta que llegaron los españoles. Éstos, bastante rudos en sus ademanes y maneras, no estaban acostumbrados a hacer cola en ningún sitio y lugar, por muy sagrado que éste fuera (secular tradición que aún día perdura). Malinche resolvió el problema creando en el mismísimo Tenochticlán el primer servicio de préstamo bibliotecario, con su carnet personal e intransferible, servicio que inmediatamente fue imitado posteriormente en el Archivo de Indias de Sevilla y luego se hizo extensible a todo el mundo bibliotecario. Pues bien, el primer día de puesta en marcha del servicio de préstamo, y ayudada por veinte vírgenes doncellas del Templo de Huitzilpochtli, logró servir ochenta y dos mil quinientos setenta y dos libros, cifra que aún hoy en día no han logrado superar ni la NLM ni la Library of Congress, por muchos esfuerzos que han hecho por superarlo.

Cuatro. GONG-LIN-YUN-PIN-CHIN-CHIN, quien fuera la primera mujer bibliotecaria en el antiguo Imperio Chino (dinastía Ming) y a quien se debe la fundación del primer servicio de Biblioteca Ambulante en Ciencias de la Salud (流动图书馆医学), mediante el cual fue prestando libros a diestro y siniestro a todos los médicos y enfermeras de urgencias destinados en las garitas de la Gran Muralla China. Cada día, para llevar a buen término su servicio, recorría más de 1.528 kilómetros (llegando a casa, puntualmente, siempre antes de la hora de la cena), récord de distancia que no pudo ser superado siglos después ni tan siquiera por Forrest Gump.

Gong-Lin (disfrazada de hombre, pues no estaba bien visto que una bibliotecaria saliera por esos mundos de Dios en la antigua China), saliendo de casa con su Biblioteca Ambulante

Una de las ilustraciones del Beato de Liébana, con signos burdos y evidentes de la falisifcación

Cinco. SOR VITUGIDINA DE TODOS LO SANTOS (1098-1145), originaria de Monforte de Lemos, recibió los votos en Las Huelgas a los 16 años y allí ejerció durante el resto de sus años de clausura como responsable de la biblioteca y de su scriptorium, y a ella se debe el descubrimiento de “la primera falsificación bibliófila china” (18 de octubre de 1134), recogida en todos los anales de la historia de las bibliotecas. Cuenta la leyenda que, encontrándose durante la hora de la siesta deambulando por el claustro nuestra bibliotecaria, ensimismada en la lectura del Beato de Liébana, una de sus páginas le llamó poderosamente la atención: los rasgos de los cuatro Jinetes del Apocalipsis no le resultaban familiares. El Beato que estaba en sus manos había sido comprado por el prior de Santo Tomás de Ávila a un mercader de Barbastro cuyo concuñado había sido primo hermano del ayudante de cámara de Marco Polo cuando éste estuvo en tierras del Gran Khan. Rauda la bibliotecaria pidió una borrica y en dos semanas se presentó en Picos de Europa para comparar su Beato con el original de Liébana, desvelando el engaño con gran asombro y preocupación por parte de la Comunidad religiosa cántabra, que desde entonces decidió no mostrar en público sus Beatos, excepto al Papa Santo de Roma y a los visitantes de la Expo de Sevilla 92.

Simoneta Prosciutto, en el aula de informática, rodeada por doscientos residentes de primero de medicina

Seis. SIMONETTA PROSCIUTTO (1943-), documentalista del Ospedale Regionale Pubblico dell’Alto Liguria, se encerró durante siete días y medio con doscientos treinta y ocho residentes de primer año de medicina en el aula de informática de su hospital. Y no salieron de la misma, exhaustos pero contentos, hasta que todos y cada uno de ellos aprendieron todas las funcionalidades de esta base de datos y, como colofón, fueron capaces de realizar en PubMed una búsqueda sobre “My tailor is rich”, delimitar los resultados conseguidos por “ensayo clínico” e idioma “inuit”, enviando, por último, las referencias bibliográficas resultantes vía facebook a sus respectivos tutores, que no daban crédito a sus ojos.

Siete. EDELMIRA CIENFUEGOS (1890-1992), natural de Matanzas y bibliotecaria jefe del Centro Revolucionario de la Documentación en Ciencias de la Salud, Ciencias Medioambientales y Submarinas, Ciencias Neoxperimentales y ReCiencias Más o Menos Afines, de Camagüey, quien era capaz de realizar una búsqueda bibliográfica en el Index Medicus con el dedo gordo del pie derecho en menos de treinta segundos. Este récord fue conseguido en presencia de los líderes de la revolución castrista durante la visita a la isla del presidente de la Unión Soviética Leónidas Breznev en el marco de los XXXII Juegos Florales Bibliotecarios del Caribe. Esta excelsa bibliotecaria era también capaz de catalogar libros con las dos orejas y de encender el ordenador con la nariz (aunque estos récords nunca fueron reconocidos internacionalmente).

Los pies de Edelmira Cienfuegos, descansando después de haber batido el récord de búsquedas en el Index Medicus con el dedo gordo del pie, tal que un 1 de agosto de 1980

Ocho. EUFRASIA, LA DEL TORIBIO (1951-), jefe de servicio de la biblioteca del Hospital Comarcal de Villaconejos. Durante sus más de 35 años al servicio de la biblioteca, fueron nombrados para dirigir su hospital la friolera de 345 gerentes (uno de ellos repitió diez veces), y a todos elloss tuvo que explicar de nuevas para qué servía la biblioteca y qué revistas era necesario suscribir cada final de año. En el año 2005, y cuando en el mes de septiembre ya habían sido nombrados sucesivamente 38 gerentes desde el 3 de enero, decidió grabar sus explicaciones en un CD y marcharse un año sabático al Nepal (de donde fue requerida inmediatamente, pues se había llevado en un descuido las llaves de reprografía).

Eufrasia intenta explicar a su nuevo gerente, con ayuda de un maniquí de anatomía, la necesidad de suscribir revistas científicas para las especialidades de neurología y de oftalmología

Nueve. LA SEÑÁ ENCARNA (edad indefinida), encargada de la limpieza de las salas de lectura de la biblioteca de la Facultad Pontificia de Medicina de Aravaca, harta de la falta de educación e higiene de los estudiantes, decidió un buen día (18 de mayo de 2007, para más señas), liarse con la escoba y expulsarlos a todos de la biblioteca, invirtiendo en ello minuto y medio (cinco menos que en el último simulacro de incendios). Plantada en la puerta durante dos semanas, consiguió, con gran alborozo del personal bibliotecario, que los alumnos no volvieran a dejar los restos de bocatas de chorizo tirados por el suelo, ni el ketchup de las hamburguesas por los respaldos tapizados, ni los chicles pegados en los teclados, ni los pañuelos con mocos colgados de las lámparas.

Izquierda: La señá Encara plantada a la puerta de la facultad metiendo en vereda a los alumnos. Derecha: Siendo entrevistada en directo para el programa de Ana Rosa Quintana

Diez. SIMONESCU ROMANESCU (1925-2011), de la Real Biblioteca Médica de Moldavia, recitó de memoria el 18 de septiembre de 1995, en dos horas y dieciséis minutos, en orden alfabético inverso, los 5.358 descriptores existentes entre el término MeSH “Gram-Negative Anaerobic Straight, Curved, and Helical Rods” y el término “Tomography, Emisson-Computed, Single Photo”. Todo ello sin titubear, sin equivocación alguna, y tosiendo tan sólo un par de veces.

Simonescu Romanescu, completamente concentrado, a escasos segundos de conseguir su récord mundial

Ahí es nada. Y todo ello sin Red Bull (como mucho, gaseosa La Pitusa).

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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17 respuestas a Para récords… los de las bibliotecarias

  1. Uxía dijo:

    ja, ja , ja …¡¡ Estabas sembrao ¡¡¡

  2. Elena Primo dijo:

    genial!!!!!, porque ademas, a “todas” nos ha pasado en alguna ocasión, parte de lo que describes, sin llegar al “record”, pero que tambien tiene su merito………..

  3. Francisco dijo:

    Jose, cada día me sorprendes más. ¡Ánimo y sigue así, lo necesitamos!

  4. Elarien dijo:

    Hazañas sin desperdicio, en cada una me imagino una pequeña película con la bibliotecaria de protagonista. Buenísimo.

  5. Montaña dijo:

    Acabo de leerlo (antes no he podido porque estaba fuera), pero además me lo ha mandado un compañero que nos quiere mucho. Le he dicho “orgullosa” que eras amigo 🙂 Estás que te sales

  6. César Manso dijo:

    ja, ja, ja, buenísimo.

  7. Marisa dijo:

    Confieso que me identifico especialmente con Simoneta y Eufrasia 😉 ¿Quién no lo ha vivido?. ¡Besos y que siga el humor que buena falta nos hace!

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