La primera vez

Siempre ha habido una primera vez… La primera chuleta, la primera caída de la bicicleta, la primera excursión a Cercedilla, el primer amor, el primer desengaño, el primer porro, el primer revolcón, la primera selectividad, la primera cogorza, la primera carrera universitaria, el primer viaje a París, la primera pareja, la primera residencia como médico, la primera paga, la primera hipoteca, la primera guardia, la primera sesión clínica, el primer recorte salarial, la primera huelga, el primer PC, la primera tortilla de patatas sin ayuda de mamá, la primera tesis, el segundo recorte salarial, los primeros mellizos, la primera noche en vela, el primer artículo en New England, el tercer recorte salarial, el primer iphone… ¡y el primer tuit!

¿Alguien se acuerda de su primer tuit? ¿Dónde estará ese primer tuit que nos costó una semana redactar y meter con calzador en esos malditos 140 caracteres -que no dan para nada- y que cuando lo habíamos redondeado (y sin faltas de ortografía) alguien nos dijo que nos faltaba el hastag? ¿Pero qué demonios era eso del hastag? Y vuelta a empezar… hasta que por fin lo envíamos y felices y contentos fue desapareciendo en la parte inferior de la pantalla abrumado por los cientos de tuits que iban enviando, minuto a minuto, todos los tuiteros a los que seguíamos. Lo veíamos perderse por el horizonte como veíamos irse el barquito de papel que habíamos lanzado de niños al agua. Y por esos mundos virtuales seguirá, digo yo, haciendo de las suyas. ¿No os preocupa qué habrá sido de él? A fin de cuentas, cierta responsabilidad tendremos nosotros que lo escribimos y lo lanzamos a las procelosas aguas del ciberespacio a que se buscara la vida.

Fácilmente, si es nuestro deseo retrotraernos a nuestra infancia informática, lo podemos descubrir en los bajos fondos de nuestro propia cuenta de Tiwitter. Pero si hemos sido tan prolíficos que nuestro perfil tuitero peta cada vez que queremos ver los  9.329 tuits que llevamos ya escritos, siempre existe la posibilidad de acudir  a herramientas como Tweet#1 o My First Tweet para conseguir un feliz encuentro (al estilo de los programas de televisión) con nuestro primer tuit. ¡Qué emoción! Y a fe que es posible. Con My First Tweet logré desempolvar ese primer tuit, enviado hace más de un año a propósito de las Jornadas de Cádiz de Bibliotecas de Ciencias de la Salud (lo sé, no me considero un tuitero precoz, pero es que la tecnología no es lo mío):

Y rebuscando en el baúl de los recuerdos, después de horas y horas de vigilia, hemos encontrado valiosísimas piezas de arquelogía tuitera, que os ofrecemos en primicia, de grandes figuras de la Historia de la Humanidad, desde Adán y Eva hasta Ramón y Cajal:

Tuits todos ellos dignos de ser incluidos, por ejemplo, en el Programa “Digital Preserve” de la Libray of Congress de los Estados Unidos, y dignos de pertenecer a la memoria de la Humanidad. Pero, ¿alguien se ha parado a pensar dónde guardar los millones de tuits que se generan a diario? Habrá que tirar algún incunable para hacerlos sitio… Y aún más, ¿qué objetivo tiene preservar una información efímera, inmediata, fresca y veloz, que fuera de su contexto  pierde todo su sentido? ¿De verdad no nos van a odiar nuestros tataranietos cuando delante del notario, dentro de 200 años, abran su herencia y se encuentren no con cinco millones de euros, sino con diez millones de tuits escritos por sus antepasados? Pasada la sorpresa inicial, al menos durante unos cuantos minutos podrán reírse a mandíbula batiente leyendo las “pavadas” que mandábamos por Twitter cada cinco minutos.

¿No habría que empezar por hacer una selección, y un expurgo, como hemos hecho en nuestras bibliotecas con nuestros libros y revistas, y como hemos hecho en nuestros domicilios con nuestras fotos, nuestros vídeos y nuestras cartas de enamorados? Por cierto, ¿los tuits de un amor desengañado deben devolverse a la ex-amada o directamente enviarse a la papelera virtual? Y, cuando seamos célebres (no caerá esa breve), ¿alguien publicará nuestros tuits como ha ocurrido con la correspondencia de los famosos? Qué horror. No sé si es buena idea eso de descubrir el primer tuit…ni de escribir tuits…ni de escribir este blog. ¿No será mejor escribir: El autor de esta entrada no se responsabiliza de sus contenidos? Al menos, así, tendremos una jubilación tranquila, sin sobresaltos del pasado encarnados en un nieto hacker descubriendo nuestros inicios en la “era twittera”.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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2 respuestas a La primera vez

  1. Elarien dijo:

    ¡¿Los primeros mellizos?! No creo que haya muchos que compartan esa primera experiencia. En mi caso ni esa, ni tampoco la de escribir mi primer twit (ninguna de las dos me apetece demasiado)

    • bvale dijo:

      La primera no es una opción si la naturaleza (o el laboratorio) así lo quieren. Y hay quien tiene hasta quintillizos… La segunda es una opción personal. No es necesario tuitear todo el día, pero para enviar información es útil y rápido. A mí me sirve para difundir también este blog.

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