Somos gente pacífica

O, al menos, eso creía yo hasta que la pasada semana los principales periódicos nacionales nos ofrecían la siguiente noticia: El bibliotecario de Al Qaeda (ABC; 27-3-12); “Detenido en Valencia el conocido como el ‘bibliotecario’ de Al Qaeda” (El País);  “Detenido el ‘Bibliotecario de Al Qaeda’ en Valencia” (El Público); “¿Quién era ‘El Bibliotecario’ de AlQaeda?” (El Mundo, 28-3-12). Si no fuera porque ya conocemos qué es AlQaeda y la extensa estela de crímenes y horrores que va dejando por el mundo, pensaríamos que lo peligroso de la noticia radica en la profesión del detenido, subrayada en todos los medios de comunicación con un revelador entrecomillado. Con estos subrayados manifiestos, ¿se ha querido señalar que el presunto terrorista era muy, pero que muy listo? Nada nuevo. Como la inmensa mayoría de las bibliotecarias. ¿Que atesoraba mucha información y muy valiosa? Como todos los profesionales bibliotecarios y sus amados fondos bibliográficos. ¿O que resulta paradójico que un presunto terrorista tenga una profesión tan pacífica como la de un bibliotecario? La verdad sea dicha, los profesionales de las bibliotecas somos gente pacífica, aunque he conocido a más de una que sería capaz por sí sola de iniciar la Tercera Guerra Mundial…  Con todos mis respetos, este presunto terrorista tiene de bibliotecario lo que yo de topógrafo (con todos mis respetos a los topógrafos). Ya que las bibliotecarias nos habíamos despojado de la imagen tópica y ancestral del moño y las gafas, azares del destino nos asocian ahora con una imagen poco atrayente. Así pues, ¿habrá que evitar ir cubiertos con pañuelos y turbantes y, de paso, afeitarnos las barbas (yo, al menos), por si acaso?

Siguiendo con la noticia. ¿Cómo sabían los cuerpos de seguridad del Estado que era bibliotecario? ¿Se lo comunicó él mismo a la Guardia Civil? “Eh, ojo, que soy bibliotecario. ¿Qué hacen?”. ¿Le pillaron in fraganti catalogando un libro? ¿Tenía encima de la mesa los temarios de facultativo de bibliotecas? ¿Estaba buscando en Google artículos científicos sobre cómo fabricar una bomba de destrucción masiva? Al parecer, los servicios secretos llevaban más de un año tras su pista y el detenido, en sus muchas horas encerrado en casa, se dedicaba a la difusión de materia audiovisual. Por cierto, ¿no es eso lo que hacemos nosotros a diario en nuestras bibliotecas? ¿Difundir la información entre nuestros usuarios? Ciertamente, pero con una pequeña diferencia, nosotros desde las bibliotecas no nos dedicamos a alentar la comisión de actos terroristas, ni llamamos a la guerra santa ni facilitamos información para la fabricación de armas terroristas. Nuestra misión es mucho, pero que mucho más pacífica: hoy, una búsqueda sobre obesidad; mañana, entregar un libro sobre la prevención de la hipertensión arterial; el jueves, enseñar a un grupo de residentes las bondades de PubMed; y al otro, facilitar las claves de acceso a las revistas electrónicas de un gran editor.

Entonces, si se supone que somos pacíficos… ¿para qué  la coletilla de “bibliotecario” en todas las noticias? ¿No habíamos quedado en ser políticamente correctos y no añadir ningún calificativo, racial o no, a las noticias? Si es éste el nuevo modelo informativo, ¿es de prever que a partir de ahora todas las noticias vengan acompañadas de sus respectivos calificativos profesionales? Por ejemplo -y son noticias reales de los últimos días “tuneadas profesionalmente”: “El disgusto de la físico Merkel con el abogado Sarkozy” (La Verdad de Murcia, 18-3-12) o “El registrador de la propiedad Rajoy, el químico Rubalcaba y el jornalero Cayo Lara coinciden en el mismo avión en su viaje a Oviedo” (La Voz de Galicia, 17-3-12). Por cierto, esta última da para un buen chiste: “iban uno del PP, uno del PSOE y uno de IU en un avión cuando…”, pero, bueno, no desviemos la atención. ¿Añaden algo a la noticia las profesiones de sus protagonistas? Para nada, en absoluto. Su utilización, ¿no busca un efecto peyorativo, crítico y de menosprecio? La mayoría de las veces, sí. Sin olvidar que las profesiones son todas dignas (salvo algunas, léase, dictador, torturador y similares…) y que cada cual las ejerce lo más dignamente que puede. Luego entonces, ¿no hubiera sido mejor publicar la noticia de esta otra forma: “Detenido en Valencia ‘un tipo listo’ de Al Qaeda”. Los bibliotecarios y bibliotecarias vivíamos más tranquilos y no se nos subiría el corazón a la garganta (por ser finos) cuando viéramos a un miembro de la benemérita entrar en nuestra biblioteca. Así pues, a partir de ahora, nada de hacer búsquedas en PubMed sobre “bombas de insulina”, por si acaso.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Recursos de información. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Somos gente pacífica

  1. Elarien dijo:

    Ya se sabe que la instrucción siempre ha sido un arma peligrosa, a la gente se la controla mejor si no se le permite pensar por sí misma, de ahí el peligro de las Bibliotecas. Sólo hay que remitirse a NYC en la que el concejal de educación es tan terrorista, en mi opinión, como el detenido de Valencia (y no es un April’s Fool): http://www.anoldgrumpandabeautifulperson.blogspot.com.es/2012/04/censura-en-los-colegios.html

  2. bibliotecahufa dijo:

    Te sigo desde el primer día. Tus posts me aportan conocimiento, diversión, sorpresa, satira. ¡me encanta leerte! ¡Pero hoy con este post has tocado el cielo! Te ha salido redondo. La absoluta claridad en los conceptos sumados a la original forma y estilo me fascina. Gracias por escribir.

    La pácífica bibliotecaria de Alcorcón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s