El juego de las sillas

El misterio de las 12 sillas (1970)

Tenemos sillas de tijera (las de los cines de verano), sillones de oreja (donde el abuelo nos contaba sus historias), mecedoras (las de la abuela) y sillas de director. -Esta entrada parece hoy un rastrillo-. Tenemos sillas, sillones, taburetes y pufs de todos los tipos y todos los colores. Para los nostálgicos, la silla de Felipe II (allá en El Escorial), el sillón Regencia, el trono de Napoleón o la silla gestatoria (que jubiló el papa Juan Pablo I). Para los deportistas, las sillas de montar, la sillas de ruedas o el telesillas. Para los modernos, la silla Barcelona de Mies van der Rohe, la silla Rietveld roja y azul o la equlibrista silla “cantilever”. Para las familias numerosas, las tronas y las sillitas de bebé. Para los más sádicos, la silla eléctrica y la silla de hierro romana. Para los peques, la sillita de la reina, los columpios y las sillas musicales. Para los cansados, las misericordias, los reclinatorios y los bancos de la calle. Para los especuladores, los bancos. Para los enamorados, los bancos del parque. Para los más cuerdos, el diván del psicoanalista. Para los fumadores, la chaise longue de “fumando espero”. Para los ávidos lectores, el “diván de Tamarit”. Y para los más sabios, los sillones académicos. Que no son sillones especialmente listos, sino sillones donde egregios y eméritos lingüistas, historiadores, juristas, escritores y, por supuesto, médicos, han aposentado sus “doctas” posaderas para discutir, charlar, consensuar y platicar en beneficio de las letras y de las ciencias.

Para éstos últimos, los doctos doctores de la medicina que en España han sido, la Real Academia Nacional de Medicina ha creado, en su página web, todo un paseo histórico y presente por los propietarios de estos “sillones académicos”. Cincuenta en total, en su sede de la calle Arrieta, en Madrid, de muy distintas disciplinas y que han sido ocupados por elegantes, sabios, altos, bajos, gordos, calvos, barbudos y barbilampiños ilustres discípulos de Hipócrates y Galeno. (Según una leyenda urbana, la elección de sillón se ha hecho desde tiempos inmemoriales según el juego de las sillas, 13 candidatos a académico y 12 sillas, mientras suena el “Gaudeamus Igitur“. Pero no me lo creo).

Pueden consultarse las historias de estos aterciopelados sillones de la Real Academia de cuatro formas distintas: por número de sillón (del uno al 50, con indicación de su disciplina correspondiente), por especialidad (más de 40, desde Anatomía a Veterinaria), por los nombres de los actuales propietarios del asiento (según orden alfabético, desde Francisco Alonso Fernández -psiquiatría- hasta Guillermo Suárez Fernández -veterinaria-) y por los nombres de los académicos predecesores (también de la A a la Z, desde José Aguilar Peris -ciencias físicas- hasta Pedro Zarco -cardiología-). En cualquier caso, los vídeos, de unos cuatro o cinco minutos de duración, tienen casi todos una misma estructura: una breve presentación del sillón y su especialidad, un recorrido histórico -desde 1861- por los académicos que lo han representado (con sus retratos situados en una línea del tiempo, junto a hechos relevantes de la historia médica) y unas declaraciones en persona del actual académico que lo ocupa. Y para muestra, un botón (o más bien, un audiovisual), el del sillón número 24, dedicado a la Historia de la Medicina.

Así, consultando uno a uno estos vídeos, hemos podido recordar cómo Santiago Ramón y Cajal, el del Premio Nobel y el de la serie de televisión, se sentó en 1907 en el de Histología; cómo Gregorio Marañón, el del Hospital homónimo, ocupó el de Medicina Preventiva, en 1922;  cómo Rodríguez Lafora, el de otro hospital en la carretera de Colmenar, representó el de Medicina Social en 1923; o cómo Pedro Laín Entralgo, que diera nombre a nuestra Agencia, llegara al de Historia de la Medicina en 1946 (cuatro años después que lo ocupara Mariano Gómez Ulla, también con nombre de hospital madrileño, pero esta vez militar).

¿Alguien podría imaginar una sesión plenaria de la Academia en los años 30 con figuras como Gustavo Pittaluga (director de la Escuela Nacional de Sanidad), Francisco Murillo (fundador de la Revista de Sanidad), Teófilo Hernando, Santiago Ramón y Cajal, Jorge Tello o Víctor María Cortezo (el de la calle de los cines Ideal)? ¿Y en los 60 con José Botella (tío segundo de la alcaldesa de Madrid), Gonzalo Piédrola Gil (autor del famosísimo manual), Juan Rof Carballo (investigador de prestigio), Gerardo Clavero del Campo, Pedro Laín Entralgo o Alfonso de la Fuente Chaos (que veraneaba en Miraflores de la Sierra)? ¿Y en la actualidad, con José María Segovia de Arana (padre del sistema MIR), Federico Mayor Zaragoza (exdirector de la UNESCO), Mª Carmen Maroto (la única mujer en esta santa casa), Enrique Moreno o Diego Gracia? Quizás para esto último no sea necesaria la imaginación, pues la actual dirección de la Real, en su afán por modernizarse y abrirse a la sociedad, ha decidido permitir el acceso al público a sus sesiones académicas. El siguiente paso, verlas en “streaming” y en tiempo real, sobre todo para los que no vivimos en Madrid capital. Tiempo al tiempo.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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