Los cien mil hijos de San Luis

Años explicando eso de los seis autores y el latinajo “et al.”, según las normas de Vancouver, y ahora viene un tal Regan (del Dana-Farber Cancer Institute de Boston), con un trabajo sobre el letrozol y el tamoxifeno -publicado en Lancet Oncology  en noviembre de 2011- para desbaratarlo todo. Nada más y nada menos que viene acompañado este buen autor de otros 14 autores y 885 colaboradores!! (y hay quien dice que es capaz de recitarlos todos de memoria, con nombres y apellidos, de adelante hacia atrás y viceversa, mientras tararea una canción de los Roling). Un crack, vamos, y de Boston.

Tamaña hazaña de colaboración científica nos suscita mil preguntas. ¿El primer autor los ha conocido a todos, aunque sea por videoconferencia? ¿Ha llegado a chatear con todos ellos simultáneamente? ¿Les ha enviado al menos un whatsapp? ¿Dónde se reunían para elaborar el artículo: en un polideportivo, en un campo de rugby, en la cancha de los Boston Celtics? ¿Quién era el guapo o la guapa que recogía las correcciones y sugerencias de los más de 800 co-autores? Para el curriculum, ¿qué índice de productividad debe asignarse a este trabajo: cero coma cero cientos? ¿Se han hecho todos juntos una foto para el evento? Nos gustaría verla ¿Cómo se han ordenado todos los colaboradores: por orden alfabético, por signo del zodiaco, por año de nacimiento, por número de la Seguridad Social? ¿Quién aportaba el catering de hamburguesas y perritos cuando se reunían para trabajar? ¿Cuántos días tardaron en transcribir los nombres y apellidos de los 800 colaboradores al manuscrito del trabajo y quién fue el becario responsable de semejante proeza?

Muchos méritos, sin duda (y muchas candidaturas para el Guiness), ya no sólo por el buen trabajo escrito y publicado, sino por su producción. Vaya reto para los responsables del casting: reclutar nada más y nada menos que a 800 expertos, y sin haber utilizado la guía de teléfonos ni la wikipedia. ¿Cuántos se han quedado fuera de la autoría por no estar al día del pago de impuestos o por estar de vacaciones en las Rocosas? ¿Cuántos hubieran pagado por estar en esta nómina? ¿Los consortes eran incluidos automáticamente? ¿Alguno figura bajo seudónimo por el qué dirán?

Por cierto, ¿alguno de los lectores de esta entrada conoce al menos a diez de estos colaboradores? ¿Alguno es vecino suyo? ¿Quién es capaz de encontrar un nombre repetido? ¿Quién puede descubrir a los dos autores de Lepe camuflados? ¿Y a los dos primos hermanos residentes en Wisconsin? Pues a buscar, ánimo.

En definitiva, ya lo decían en la Biblia: no es bueno que el hombre esté sólo. Pero, ¿tanta compañía? Por qué no. Aporta diversidad, puntos de vista complementarios y experiencias distintas. Aunque, ¿no resulta estresante saber que detrás de ti hay otros 800 co-autores? Lo bueno es que, con poco, este trabajo, además de su avalada calidad por pares, será multicitado con nada. Tan sólo con que cada co-autor se proponga citarlo en un próximo trabajo. 800 citas sin esfuerzo, cuando muchos llevan 20 años para que le citen 5 veces.

Será cuestión de proponérselo y, como los “cadáveres exquisitos” de los surrealistas, empezar lo más pronto posible.  Ahí va el principio de un nuevo artículo: Las bibliotecas de ciencias de la salud ante el siglo XXI (muy original, ¿verdad?). Y las primeras palabras de la introducción: Durante las últimas décadas las bibliotecas de ciencias de la salud han experimentado múltiples cambios. (muy original, también). ¿Alguien se anima a seguir? Tan sólo necesitamos 900 autores más (para superar el récord de Boston). El orden final de todos ellos se determinará por sorteo ante el notario de Cercedilla. Y crucemos los dedos para que los popes de las normas de Vancouver no cambien de idea y propongan, a partir de ahora, que en las referencias bibliográficas deban figurar, uno a uno, todos (pero todos) los co-autores de un trabajo. Con dos referencias como ésta llenamos ya 20 folios y una carretilla.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)
Con mi agradecimiento a Concha Campos por haberme hecho llegar esta suculenta referencia bibliográfica

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2 respuestas a Los cien mil hijos de San Luis

  1. Mª Luisa Lopez Avello dijo:

    En mi ignorancia me pregunto quien tecleo los 885 nombres. Se merece un premio. ¿Les dan “puntos” a lo 885?

    • bvale dijo:

      El último becario, seguro. Y se supone que puntos también, bueno, centésimas de puntos. Pero para algunas calificaciones no, pues sólo consideraran los primeros autores. El último lo lleva claro, vamos.

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