…o…p…Q…R…s…t

¿Alguien puede interpretar esto a bote pronto? Expertos habrá que puedan, como doctores tiene la Iglesia. La primera imagen, sin ir más lejos, sería cosa de coser y cantar para Jean-François Champollion o para Indiana Jones. La segunda, para Toñi, la cajera de mi supermercado. Y la tercera. ¿Qué es la tercera? ¿Un juego de marcianitos? ¿Un tablero de ajedrez tras el paso de mi sobrina gateando? ¿Una fotografía de un barrio de Madrid desde Orión? Uy! Mucho más simple, un QR. Así de sencillo, un código Q-R.

¿Y qué es un QR? Buena pregunta. Dice la wikipedia (y si lo dice será verdad) que se trata de un “código de barras de respuesta rápida” (quick response). Esto es, una matriz cuadrada de puntos, con tres cuadrados destacados en sus esquinas y gran capacidad de almacenamiento (más de 4 mil caracteres). Vamos, como el código de las latas de atún, pero más equilibrado y con más posibilidades. El invento se debe, como tantos otros, a los japoneses, que comenzaron a utilizarlo allá por 1994 en las fábricas de automóviles, y hoy en día es una herramienta generalizada en el país nipón para todo tipo de inventarios. Y de ahí se ha ido extendiendo por todo el mundo mundial y para todo tipo de actividades. Hasta para bibliotecas, ¿por qué no?

Su popularidad ha ido en ascenso desde la proliferación de los móviles, al permitir éstos acceder con gran facilidad a través de un código QR a una página web o poder interpretar la información textual que éstos códigos cobijan tras su trama cuadriculada. Para ello tan sólo es necesario “bajarse” un pequeño programa o aplicación al  móvil, que variará en función del dispositivo más o menos sofisticado que uno disponga: barcode scanner, barcode reader, i-nigma, beetagg, etc. Con el programa en el móvil, no tiene uno más que acercarse con desparpajo al QR, “fotografiarlo” cual si fuera un león en un safari e interpretarlo con el lector que incorpora el programa descargado. Posibilidades hay unas cuantas, desde generar un texto o un SMS

…llegar a una página URL

o crearse una “tarjeta de visita” para impresionar al personal.

Las primeras utilidades de estos códigos han sido aprovechadas en el mundo de la publicidad, el márketing y los medios de comunicación escritos. Hoy en día es bastante frecuente ver en las páginas de cualquier diario el anuncio de una prestigiosa marca de modas acompañado de su preceptivo QR. No hay más que “fotografiarlo”, desde el móvil que llevamos en el bolsillo, para acceder automáticamente a su correspondiente página web, donde podremos contemplar las principales novedades prêt-à-porter para la primavera-verano o las rebajas más atractivas. Y de ahí, los QR han ido saltando y saltando a los ámbitos más variopintos. Su entrada en las bibliotecas de forma generalizada parece inminente. Si no, no tenéis más que leer este estupendo texto de Javier Leiva, del Grupo ThinkEPI, donde ofrece una revisión pormenorizada del presente y futuro de esta herramienta en el mundo bibliotecario (información más dinámica y rica para los usuarios, inmutabilidad del código pero contenido cambiante y actualizado, acceso a variada documentación desde un único punto de acceso, enriquecimiento de la catalogación de los fondos bibliográficos, mayor rapidez en la comunicación entre biblioteca y usuarios, etc.), que abre un futuro de lo más prometedor para cualquier gestor, usuario y consumidor de información.

Si además eres un “manitas” amante del bricolaje, puedes generar tus propios códigos QR con estas páginas:
http://invx.com/
http://qrcode.kaywa.com/
http://zxing.appspot.com/generator
http://www.codigo-qr.es/
http://www.codigos-qr.com/generador-de-codigos-qr/
http://www.quarkode.es/document/index/alias/creaqk/tipo/url
http://www.sparqcode.com/static/maestro
e intercambiarlos en la Plaza Mayor o en el patio del cole con los amiguetes. Por cierto, teníamos más direcciones, pero hemos optado por autocensurarnos para no hacer interminable esta “entrada”, la última del año.

Por si queréis ver más ejemplos, éste es el de PubMed:

y éstos los de George Clooney (el primero) y Scarlett Johansson (el segundo). ¿O era al revés?

¿Alguien sabría distinguir uno de otro? Un niño de cinco años seguro que sí, yo no. Y, por supuesto, nuestro inteligente móvil cargado con la aplicación adecuada. ¿Y cuándo no tengamos móvil? Qué pregunta más tonta. ¿Quién se atreve a salir a la calle sin un móvil?

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)
Con mi agradecimiento a Elena Primo por sus doctas enseñanzas para adentrarme en el apasionante mundo de estos “pequeños monstruos cuadraditos” llamados QR

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Recursos de información y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a …o…p…Q…R…s…t

  1. Mª Luisa Lopez Avello dijo:

    Tiene una muy buena aplicación en aeropuertos (los que lo tienen) y por supuesto para aquellos que nos atrevemos a salir con un movil en el bolsillo …… me lo estoy pensando.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s