Algo más que literatura

(2001)

Lorca, Buñuel, Dalí, Pepín Bello,…. ilustres huéspedes de la época dorada de la Residencia de Estudiantes, que fuera fundada en 1910 por la Junta para la Ampliación de Estudios al socaire de las ideas progresistas de la Institución Libre de Enseñanza, de Francisco Giner de los Ríos. Dirigida por Alberto Jiménez Fraud e instalada al poco de nacer en la mítica Colina de los Chopos (frente a Nuevos Ministerios, tras el Museo de Ciencias) era la Residencia una isla (¡pero qué isla!) en una España católica, conservadora y tradicionalista, la de fines del XIX y principios del XX, que abrió las puertas de par en par para que entraran por los Pirineos los aires de las vanguardias que recorrían Europa. Sólo hasta 1936,…cuando ¡zas! Pero, antes, por sus salas y dependencias habían pasado ilustres figuras extranjeras como Marie Curie, Ígor Stravinski, Albert Einstein, Le Corbusier… porque esta institución se proponía (y lo consiguió durante unos años) “complementar la enseñanza universitaria mediante la creación de un ambiente intelectual y de convivencia adecuado para los estudiantes….[propiciar] un diálogo permanente entre ciencias y artes y actuar como centro de recepción de las vanguardias internacionales”.

Tras la Transición democrática el país respiraba nuevos aires y la Residencia volvía a resurgir de su olvido, rehabilitando su sede y sus actividades, y reivindicando un pasado glorioso que nunca debió de perderse para, entre conferencias y exposiciones, alegrar otra vez la vida cultural madrileña (y española). Para que todo su antiguo (y añorado) esplendor no caiga en el olvido una iniciativa como “Revistas de la Edad de Plata” ha resucitado al presente una serie de espléndidas publicaciones del primer tercio del siglo XX. Publicaciones de las vanguardias españolas que, como una excepcional excepción, se codearon con la modernidad europea y aportaron algo más que frescura a la intelectualidad, los artistas y los escritores del fin de la monarquía y la breve segunda República. Nombres míticos que ennoblecen cualquier estantería que se precie, como “La Gaceta Literaria” (1927-1932), dirigida por Ernesto Giménez Caballero, o “Litoral” (1926-), fundada por los poetas Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, entre otras muchas. Difusoras, portavoces y eco de los maestros de la generación del 27, estas señeras publicaciones atesoran no pocas sorpresas, recónditas sorpresas (ahora recuperadas), pero no sólo para ávidos lectores empedernidos, sino también para los adictos a la biomedicina.

Ah, bien, y ¿cómo localizar estas pequeñas joyas?

Desde su página web y en el mencionado apartado “Revistas de la Edad de Plata“, la Residencia ha dispuesto públicamente una base de datos bibliográfica, consultable por una doble vía (Navegador Visual y Publicador), que permite el acceso al texto completo de las principales revistas literarias de los años 20 y 30 del pasado siglo, las de la “Edad de Plata”. Si uno accede por el Publicador, podrá realizar una serie de búsquedas en los índices de autores y revistas (en su parte izquierda) hasta dar con el texto añorado, y revivido en un instante (en su parte derecha en pdf).

Textos de Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Manuel Altolaguirre, Serafín Álvarez Quintero, Manuel Ángeles Ortiz, Louis Aragon, Guillaume Apollinaire, Carlos Arniches, Miguel Asín Palacios, Max Aub, Francisco Ayala, Manuel Azaña, Azorín… (por mencionar tan sólo los de la letra “A”, que no son pocos), pero también de:
– Eduardo Bonilla: “El problema de la etiología y profilaxis del bocio endémico” (1927)
– Marie Curie: “La radioactividad y la evolución de la ciencia” (1932)
– Gregorio Marañón: “El ocaso de la Universidad” (1927) o “Palabras del doctor Marañón en el Cineclub acerca de las vanguardias y el cinematógrafo” (1930)
– Miguel Pérez Ferrero: “Lo que lee y escribe el doctor Marañón” (1927)
– Pío del Río Hortega: “Arte y artificio de la ciencia histológica” (1933)
– Gustavo Pittaluga y Ricardo Royo Villanova: “¿Qué opinión le merece el movimiento universitario actual?” (1930)
– Gonzalo Rodríguez Lafora: “Don Juan y las mujeres” (1927)
– Esteban Salazar: “Breve entrevista con el doctor Pittaluga” (1930); o
– Jorge Francisco Tello: “Universal reconocimiento a la obra de Cajal” (1930).
Todo un plantel que ya querrían para sí Guardiola o Mourinho.

Si uno consulta, en cambio, el Navegador, podrá visualizar los mapas de relaciones de cualquier de los autores que integran esta base de datos. Por poner un ejemplo, el psiquiatra Gonzalo Rodríguez Lafora, el mismo a quien las autoridades sanitarias madrileñas han otorgado el nombre de un hospital, en la carretera de Colmenar, como reconocimiento público a su labor investigadora, intelectual y médica.

Un recurso, útil incluso en su parquedad para las ciencias de la salud, en acceso abierto, que nos obliga a mantener los ojos bien alerta… pues también hay vida más allá de PubMed, la Cochrane y la WOK, pero hay que buscarla, como el agua en Marte.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

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