¿Qué hacemos con nuestros abuelos?

En estos tiempos crueles e inhumanos, podemos ofrecer las siguientes respuestas a la pregunta del encabezamiento: “eliminarlos” sutilmente (como hemos aprendido a hacerlo con profesionalidad en el cine negro), dejarlos abandonados a su suerte en una gasolinera, enviarlos a una residencia concertada o cuidarlos con todo nuestro cariño y compañía.

Analicemos con frialdad y objetividad cada una de estas opciones.

¿Qué hacemos con la abuela? (1990)

UNO.- Podríamos “asesinarlos” a sangre fría utilizando el triturador de documentos confidenciales, pero se nos partiría el corazón viendo cómo desaparecen en estrechos filamentos de papel los editoriales del BMJ, los artículos breves del New England o las noticias de Nature. Documentos que con tanto cariño hemos ido atesorando en nuestras salas de lectura para formación y solaz de nuestros usuarios. No obstante (y no hay mal que por bien no venga), siempre podríamos aprovechar los residuos triturados para revenderlos como asiento para cobayas, hámsters y conejos albinos (y obtener unos pingües beneficios con los que sostener el servicio de préstamo). Aún así, esta opción queda ¡desestimada por su crueldad!

DOS.- ¿De verdad podríamos dejar nuestras 200 cajas de revistas impresas de nuestros fondos antiguos en la primera gasolinera que nos pillara de paso sin que nadie nos descubriera, aunque fueran las cuatro de la madrugada? Hay que tener en cuenta que descargar con frialdad, nocturnidad y alevosía tal volumen de papel no es cuestión de coser y cantar (con toda seguridad nos llevará más de 10 minutos). Y, además, siempre nos podrán denunciar a los municipales por no haber utilizado los contenedores azules destinados a cartones y papel. ¡Desestimada! TRES.- Podríamos enviarlos con una nota de agradecimiento (y sin acuse de recibo ni devolución posible) a  una biblioteca central que los mimara, los cuidara, los cobijara y les diera el cariño que no estamos dispuestos a darles por más tiempo. Pero, ¿tienen las bibliotecas nacionales o regionales espacio y recursos suficientes para recibir en masa nuestras suscripciones obsoletas? Me temo que no, con lo que irremisiblemente ellas mismas tendrían que recurrir al cruel punto UNO (aunque ene ste caso serían ellas “las asesinas” y ojos que no ven…). En fin, tampoco parece viable esta fórmula.

CUATRO.- Por lo tanto, deberíamos seguir nosotros mismos cuidándolos con todo nuestro esmero, después de tantos años de felicidad que a nosotros y a nuestros usuarios nos han reportado. Eso siempre y cuando contemos con los  mismos espacios y los mismos recursos, lo cual es francamente dudoso. Así pues, estamos como al principio. Y tarde o temprano, en función de las gerencias de turno y de sus perentorias necesidades espaciales, volverá a plantearse el mismo problema: ¿para qué conservar unos fondos de hace sesenta años que apenas demandan nuestros usuarios con lo que nos cuesta el metro cuadrado en el centro de Madrid? Esto es, falta espacio, sobran fondos y no hay un duro para cobijarlos. Y para colmo nuestros lectores leen cosas más modernas y no tan antiguas. Blanco y en botella.

Está claro que la conservación de los fondos antiguos (muy valiosos pero tristemente poco frecuentados) conlleva unos costes (espacio, mantenimiento, limpieza, medidas de seguridad, etc.) y que la suscripción de las revistas electrónicas no ofrece garantías suficientes para su reemplazo y sustitución (ni en continuidad, ni en coberturas, ni en soportes). Así pues, puede darse el hecho de que en tiempos venideros nos quedamos sin los unos (impresos), sacrificados en la hoguera por falta de espacio, y sin las otras (electrónicas), por falta de presupuestos para su suscripción.

Antes de tener que recurrir “in extremis” a la gasolinera o al triturador por exigencias d ela superioridad (o que lleguemos un día y nos hayan vaciado las estanterías sin previo aviso) no estaría de más promover políticas nacionales, regionales o sectoriales, en las que se repartieran las obligaciones (sin ir más lejos, que cada institución se responsabilizara de preservar los fondos que ella misma ha editado o publicado) y pudiera asegurarse el futuro incierto de “nuestros abuelos”.

A falta de estas políticas (incipientes, como la que está liderando la National Library de los Estados Unidos: Programa MedPrint), y hasta que lo electrónico nos ofrezca confianza (ojalá cundiera el ejemplo de BMJ, capaz de ofrecernos toda su colección retrospectiva en sus licencias), habría que ponerse manos a la obra. ¿Cómo? “Recapitalizando” (qué horroroso “palabro” tan de moda) las colecciones entre bibliotecas similares: fusionando y redistribuyendo los fondos, eliminando duplicaciones, completando colecciones y especializándose en títulos y materias. De tal forma que un título dispero e incompleto presente en diez bibliotecas acabara más completo solo en una o dos de ellas (responsables y fieles guardianas del mismo por los lustros venideros).Al menos, hasta que se desarrollen normativas e instrucciones oficiales o hasta que lo electrónico termine, dentro de cien años, por ganar (¿o no?) la batalla a lo impreso (y podamos decir sin temor a equivocarnos, que nos sobran los papeles).

Lo dicho, dentro de cien años (aunque todos un poco más calvos), volveremos sobre el tema. Y nuevamente a discutir cuál de las cuatro opciones resulta factible.

(Por José Manuel Estrada. Bibliotecario y documentalista)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Recursos de información y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a ¿Qué hacemos con nuestros abuelos?

  1. Uxía dijo:

    El nombre que le damos los abuelos/as a esto es “Política de conservación y expurgo”. Poco se habla de ella en los foros postmodernos . Y cuando alguien habla de esto, queda como un auténtico abuelo.
    Me encanta tu post¡¡¡ Yo voto siempre por cuidar a los abuelos,( ya sabes que para estas cosas soy una tradicional) entre todos para hacerlo más llevadero y para no morir en el intento de convertirse en un super-cuidador. En bibliosaúde, hemos ya iniciado esta política y estamos trabajando en ella; y me consta que hay otras BVs que están interesadas en estas políticas porque algo ya hemos hablado.
    Gracias por tus posts siempre tan clarividentes¡¡¡ Los lunes son un poco mejores gracias a ellos.
    Un besote.Uxia

    • bvale dijo:

      Gracias por tu mensaje Uxía. Algo sabía de Galicia pero no me atrevía a expresarlo por temor a equivocarme. Sería una pena tener arrojar al fuego terno los fondos antiguos. Y sólo tenemos dos posiblidades: o s ehace desde arriba (cosa difícl en Madrid, por ejemplo) o se hace desde abajo (cosa tampoco fácil, pero que queremos intentar). Un beso.
      NOTA: Los miércoles son también mejores con los mesnajes de amigas y profesionales como la copa de un pino.

  2. Mª Luisa Lopez Avello dijo:

    ¡¡ Como no vamos a cuidar a los abuelos !! Son un pozo de sabiduría……….
    Precioso el post..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s